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La Constitución Española > Antonio Alarcó

   

Esta semana hemos celebrado los primeros 33 años de vida de la Constitución Española, que nació del consenso democrático expresado por todos los españoles en 1978. Se trata del periodo más largo de nuestra historia sin sobresaltos, caracterizados por la estabilidad en las instituciones, lo que evidencia nuestra madurez como Nación y el vigor de nuestra Carta Magna.

Este proceso, que lideraron el entonces presidente Adolfo Suárez y Su Majestad el Rey, dio lugar a la actual etapa de concordia y desarrollo en la que se encuentra inmersa España.

No eran, ni mucho menos, momentos sencillos para un país que despertaba a la democracia, y las generaciones posteriores a aquel 6 de diciembre de 1978 ni imaginan lo incierto que fue el proceso. El éxito de aquellos debates y posteriores acuerdos está hoy fuera de toda duda.

Precisamente en estos tiempos en que los principios y valores que inspiraron la Transición Española, vista como un modelo de convivencia y respeto por nuestros países vecinos, parecen sufrir un proceso de transformación o de debilidad, es más que nunca necesario que toda la sociedad renueve su confianza en ellos y en todo lo que significan términos como libertad, justicia, solidaridad, consenso y pluralismo político.

Fíjense qué importantes reflexiones se hicieron hace más de tres décadas respecto a asuntos de tan candente actualidad como la reforma de las administraciones públicas, cuya redimensión y ahorro son más importantes que nunca. Los padres de la Constitución ya reflejaron en su articulado que estas instituciones han de regirse por los principios de coordinación y eficiencia, que tantas veces hemos evocado al pedir una función para una administración. Se habla de reformar la Unión Europea, y hasta el nivel de endeudamiento de nuestras administraciones habrá de someterse a lo establecido en la Constitución, por lo que no debemos extrañarnos si nuevas modificaciones se plantean en los próximos tiempos. Creemos, sinceramente, que nuestra Carta Magna está preparada para este proceso, pues se asienta en el pueblo soberano, su primer valedor. Cierto es que, como todo texto, podría ser sometido a una revisión que se traduzca en la inclusión de nuevas realidades derivadas del avance lógico de una sociedad en permanente cambio, decisivamente modelada por la irrupción de las tecnologías, o por las reformas que, de facto, se han venido operando en las Instituciones.

Pero esas hipotéticas reformas, en nuestra opinión, habrán de esperar a que se dé el nivel de consenso que presidió la elaboración del texto primigenio, y a que se resuelvan problemas del calado y la urgencia del paro y la exclusión social, que se han cebado muy especialmente con Canarias en los últimos años, fruto de una crisis económica sin precedentes, y que serán nuestro único motivo de preocupación en los próximos años.

Canarias, comunidad autónoma reconocida en nuestra Carta Magna, es parte de esta gran Nación que es España, forjada a través de todo aquello que nos hace iguales en deberes, derechos y libertades, pero también a partir del respeto y la consideración hacia todo lo que nos diferencia.

Las Islas participan de la importancia de contar con un marco constitucional como el actual, que nos ha deparado el mayor índice de prosperidad que nunca habíamos tenido.

España y Europa son una gran ventaja para Canarias, cuyo carácter geoestratégico ha de verse potenciado. Antes de asumir nuevas competencias tenemos que ser más competentes.

Sería incorrecto, por tanto, en esta época de restricciones, pretender revisar nuestro nivel de autogobierno y emprender una reforma estatutaria, con el único fin de asumir nuevas competencias que sólo contribuirían a incrementar una deuda autonómica insostenible.

Abogamos por la responsabilidad fiscal y la solidaridad, en consonancia con las previsiones de futuro de la Unión Europea, que nos ha recordado que la actual situación no puede mantenerse en el tiempo. Nuestro futuro presidente, Mariano Rajoy, ya ha anunciado que la reducción de nuestra deuda y la creación de empleo serán los objetivos por los que trabajaremos los españoles en los próximos tiempos.

Ahora que un elevado porcentaje de nuestra población canaria padece los embates de la crisis, es más importante que nunca que asumamos que en las páginas de la Constitución y el consenso que las inspiró, laten nuestros derechos y libertades, en cuya defensa debemos perseverar, y dejemos de lado otras prioridades en las que el ciudadano no piensa.