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La noria de papel > Jorge Bethencourt

   

Weber decía que el Estado tiene el monopolio de la violencia legítima. Olvidó añadir que también posee el de la mentira. Y que utilización torticera del lenguaje provee a algunos de sus servidores de la capacidad de presentar como verdades lo que son simplemente falsedades hábilmente encadenadas.

Hemos arribado a una playa donde las evidencias palpables para condenar públicamente a Miguel Zerolo es que compraba el jamón cocido sin echar mano de la tarjeta de crédito.

Que la lotería que compraron los miembros del consejo de administración del casino Taoro ya estaba premiada de antemano. Y que sus viajes oficiales invitado por la Cámara de Comercio, por el Gobierno o por algún amigo, no le ocasionaron gastos. Del presunto flujo de millones para doblegar la integridad del político hemos llegado a la casquería de los gastos de bolsillo. No sirve para que un juez se lo tome en serio, pero basta para usar la literatura policial al más puro estilo Marcial Lafuente Estefanía. Y para que se desvele al morbo general la vida privada incluso de quienes no son personajes públicos. Las Teresitas es un caso judicial puesto del revés. Primero se tuvo la certeza de que había caso. Y puesto que lo había, se empezó a construir a partir de la búsqueda de indicios racionales o pruebas del delito cometido. Suele ser al contrario. Como un elefante en una cristalería se fueron violentando una y otra vez derechos individuales y procedimientos en la búsqueda de las pruebas necesarias. Y conforme no aparecían, la necesidad desesperada de encontrar lo que no existía llevaba a traspasar más fronteras y aplastar garantías. Testigos tratados como acusados, ampliación de la búsqueda a familiares, primos, amigos y personas piadosas… Omnia sub pédibus para lograr un hilo con el que tirar de un ovillo basado en denuncias anónimas, informaciones de internet y un confidente protegido y soplón vengativo que susurró al oído de la Policía el espeluznante relato de una trama diabólica cuyo único defecto es que era falso.

La Justicia ya habló. Por más que algún cínico diga, en el colmo de la cochambre intelectual, que el que algo no se pueda probar judicialmente no quiere decir que no haya sido.

No es lo que decía cuando esperaba que sí se probara. Y como premio de consolación siempre queda la novela policial para ejecutar la pena paralela del papel. Porque además, de esto Zerolo no se puede defender. Ya habló la Justicia. Ahora toca el ruido y la furia. La noria de papel. La chusma.

@JLBethencourt