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La pregunta del millón > María Montero

   

Cuando comenzó este poderoso y a la vez inabarcable año 2011, seguramente muchos de nosotros escribimos una carta de deseos y buenos propósitos para todo el año, y la esperanza se apoderó de nuestras almas cuando la duodécima campanada de algún reloj nos abrió la puerta a un nuevo futuro… Ha llovido mucho, sobre todo acontecimientos, en este implacable 2011, quizá más de los que podamos entender con la razón humana, aunque en el sentir, si hacemos un balance, con el corazón en la mano, acariciemos imágenes inauditas de nuestras vidas, y también momentos que nos gustaría volver a vivir miles de veces. Pero este año, cuando pase definitivamente a ser nuestro pasado, todo resonará en algún lugar de nuestra memoria, y quizá despertemos como el que vivió un sueño, preguntándonos ya en el umbral del año 2012 si lo que abrazábamos en el año anterior fue real o una imagen del universo que ya no está ahí, aunque como prueba de lo vivido sólo nos quede lo que hayamos amado, lo compartido y lo que pudimos resolver. Todo lo demás nos lleva a examen en los meses próximos. Cuando este año me tomó de la mano y crucé a su sendero, me entregó una pregunta que fui repartiendo por muchos lugares, durante todo el camino, además del reto de tratar de resolver semejante acertijo. Tuve la sensación de acercarme a una esfinge egipcia que sabe todas las respuestas, mientras te observa, a ti, humano, y escucha paciente lo que vas a responder y qué sabiduría puedes respirar en su presencia. La pregunta es sencilla, según se mire; es muy personal, y ni una respuesta es igual. Aún nos restan escasas horas de año, y la esfinge aguarda en la puerta del año 2012, y sólo hay que responder. Y no creo que acepte sobornos. La pregunta es: ¿por qué a la raza humana le cuesta tanto decirse “te quiero”, o no se dicen que se quieren con frecuencia? Y quise tocar el mito en presencia de la esfinge, y agregué una ecuación: entre hombres y mujeres. Si atravesamos este desierto, propio de Ulises, de una vez habría que preguntar a todos los hombres encontrados en la travesía por qué nos dicen a las mujeres contadas veces que nos quieren, y cuestionar en las mujeres, si se lo decimos a los hombres, por qué necesitamos oírlo. ¿Acaso, si no decimos que queremos a alguien, es que no sentimos nada de nada? El último muestreo fue en la Nochebuena de Tegueste, entre canarios, vascos y encuestados de diferentes lugares del mundo. ¿Y qué responderle a la esfinge el 31 de diciembre? Los hombres han dicho que el amor se demuestra con hechos y no con palabras, y que decir “te quiero” implica compromiso, y no siempre están dispuestos. Las mujeres seguimos en nuestro sentir, y con el corazón inquieto esperando a que nos lo digan. Y si profundizamos en el amor de todos los humanos en este año, preguntaría si hubo suficiente amor, si reconocimos a los que tenemos a nuestro lado, y a gente de otros lugares que aún no conocemos. Cuestionaría si aún no es tarde para decirle a alguien lo que sentimos, y si necesitamos hacer una llamada de conciliación, o tomar un avión para rescatar a un ser humano en cualquier lugar del planeta, o en algún rincón de nuestro corazón. Alentaría a si fuimos solidarios con el dolor ajeno, y compasivos con nuestros no amigos. Ya no hay tiempo. Hágalo. Tome su tren de la felicidad y buena suerte en su balanza anual. Felicitemos a todos los que cuestionaron nuestros sentimientos, y a los periodistas que acercaron estas cuestiones del con rigor.

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