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La protección social no es ninguna lotería > Aurelio Abreu

   

Cada año, la suerte que se reparte en la lotería de Navidad nos trae historias conmovedoras, de personas a las que la fortuna se les había mostrado esquiva, y que de repente se ven con un décimo en la mano que pondrá fin o les ayudará a aliviar sus penurias y dificultades. Son relatos que reconfortan, que nos recuerdan que las buenas noticias aún existen.

Pasada esa resaca, toca volver a asumir que la castigada realidad isleña no se soluciona a golpe de lotería. El décimo que los ciudadanos jugamos se llama Estado del Bienestar, y es el que garantiza que hay premio para todos. Y lo llamo premio por seguir con la metáfora, porque no es ningún premio. La protección social, la sanidad y la educación que nos proporciona ese Estado del Bienestar son derechos que nos asisten de forma inherente por nuestra condición de ciudadanos, y que sufragamos entre todos a través de los impuestos, de nuestro trabajo y de nuestro esfuerzo.

A los poderes públicos nos corresponde la difícil tarea de procurar que los servicios públicos esenciales estén al alcance de todos los ciudadanos, sin dejar a nadie fuera de su cobertura, y hacerlo mediante un uso racional de los recursos económicos disponibles. No es sencillo, pero la prioridad resulta clara. Por lo menos para los socialistas, que siempre hemos defendido la importancia y la necesidad de promover políticas que ayuden y protejan a los más vulnerables para que alcancen el mayor grado de desarrollo, autonomía e integración posibles.

Los drogodependientes, los mayores, los niños en situación de riesgos, las personas en exclusión social, las mujeres víctimas de violencia machista, los discapacitados, los dependientes… Todos ellos deben tener la posibilidad de volver la vista hacia la Administración y ver en ella a un aliado, no a un enemigo que les pone obstáculos. Estamos viviendo tiempos de agudas dificultades económicas que quizás tarden en remontarse más de lo que quisiéramos, pero eso no disculpa a las Administraciones públicas a la hora de ponerse del lado de quienes más impedimentos tienen para integrarse en la sociedad, en condiciones de igualdad con el resto de ciudadanos.

Debemos mentalizarnos de que el próximo año no va a ser una balsa de aceite. Muchos problemas saldrán a nuestro encuentro y tenemos que afrontarlos con valentía, con determinación, tomando las decisiones que más convengan al bien común. Desde el Área de Bienestar, Sanidad y Dependencia del Cabildo Insular de Tenerife, le deseamos a todos los tinerfeños unas muy felices fiestas, y que el año 2012 nos traiga la salud y la fortaleza que necesitamos para, entre todos, revertir esta situación y salir más fuertes, más solidarios, mejores como personas y como sociedad, contando con todos.

(*) Vicepresidente Segundo y consejero de Bienestar, Sanidad y Dependencia del Cabildo Insular de Tenerife. Senador por Tenerife.