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La supuesta parricida da hasta cinco excusas para matar a sus hijos

   

TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

El presunto parricida de los dos niños hallados muertos en una vivienda del barrio santacrucero de Vistabella, un varón de 54 años de edad al que se le conoce como Ponce el curandero, ha confesado a la Policía que fue él quien escribió la carta encontrada en el lugar de los hechos en la que anuncia, junto a su pareja y madre de los dos menores, su intención de matar a los pequeños para posteriormente quitarse él mismo la vida.

Como publicó este periódico ayer, Ponce, al que consideran cuerdo los psiquiatras que lo han tratado en el área especializada del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria durante casi dos semanas tras hallarse los cadáveres el pasado día 13 de los corrientes, reconoce así que la muerte de los pequeños fue premeditada. Hasta tal punto de que el responsable sanitario informa a las autoridades de que, si miente en sus respuestas, “lo hace voluntariamente”.

Cabe recordar que este individuo, padrastro de la niña de 11 años y padre del niño de 5 años, está acusado de ser inductor y cooperador necesario de ambos asesinatos, por lo que la titular del Juzgado de Instrucción Número 1 de la capital tinerfeña ha decretado su encarcelamiento provisional, comunicado y sin fianza, al igual que para la madre de los menores, Sonia, ya en prisión y acusada de ser la autora material del doble parricidio ocurrido hace dos semanas.

En la carta en cuestión, la pareja rememora que ambos se conocieron cuando en 2003 eran tratados tras sus respectivos intentos de quitarse la vida, y se puede deducir de la misma que tal idea nunca abandonó del todo su mente. Sin embargo, Ponce sólo realizó un intento más o menos serio de cumplir con lo escrito cuando se vio acorralado con la llegada de efectivos de la Policía Local capitalina a la vivienda en cuestión, sita en el número 4 de la calle Primera Armenia del barrio de Vistabella.

Por su parte, la madre de ambos pequeños, que ya ha confesado ser la autora material de los crímenes al prestar declaración ante los especialistas del Cuerpo Nacional de Policía asignados al caso, apenas presentaba unos cortes superficiales en las muñecas.

En cuanto a los motivos por los que la citada madre de los niños intenta justificar cómo es posible acabar con la vida de sus propios hijos, fuentes cercanas a la investigación han detallado que Sonia ha ofrecido hasta cinco excusas distintas en dicha declaración ante los investigadores.

No se aclara

La mujer dejó vislumbrar sus celos al explicar que la niña había pasado el fin de semana anterior con su padre y le habría pedido quedarse algún día más con su progenitor, con el que ella mantiene un largo litigio desde que se separaron y con el que se ha cruzado varias denuncias en los juzgados.

Otra excusa que apuntó fue precisamente ese conflicto con el padre, al que acusa de todo tipo de felonías, sin que sus graves acusaciones se vean respaldadas por alguna fuente oficial o informe pericial de cualquier índole.

También habló de su visión del mundo como un “reino de maldad” en el que no merecía la pena vivir, un dato que ya aportó una profesional del taxi que mantenía contactos frecuentes, aunque esporádicos, con la supuesta parricida y que explicó a este periódico que siempre le hablaba del mal como algo omnipresente, salvo al referirse a su propia pareja sentimental, Ponce el curandero.

El dato no es baladí, dado que se acusa a éste como inductor de los crímenes. Otra excusa que apuntó la mujer, y de la que ya se habla en la carta hallada en la vivienda por la Policía, es la de su pactada determinación por la que toda la familia correría la peor de las suertes, en caso de que fallara alguno de los dos adultos. Habida cuenta de que Sonia era consciente de que la Policía buscaba a Ponce en las dos semanas anteriores a que fueran hallados los cadáveres, dicho acuerdo cobraba especial vigencia ante la posibilidad de que fuera detenido.

Como adelantó DIARIO DE AVISOS este individuo, al que los investigadores consideran clave en la muerte de dos niños, ya estaba siendo buscado por la Policía y tenía antecedentes, al parecer por estafa. Lo que no han aclarado los investigadores todavía es si durante esas dos semanas en las que se le buscó sin éxito, el curandero se refugió o no en la casa donde tuvieron lugar los terribles crímenes.

Por último, la madre de los niños fallecidos revela un profundo y criminal egoísmo cuando hace suya la terrible sentencia que figura a modo de epílogo en la carta en cuestión: “Nosotros le dimos la vida, nosotros se la quitamos”.