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ÁNGULO 13 >

Ladrones de camposanto

   

La oscuridad de la noche da cobertura de impunidad a los profanadores de tumbas. / DA

POR JUANCA ROMERO HASMEN

Estamos a punto de cumplir un año desde que en la madrugada del 31 de diciembre al 1 de enero de 2011, la tranquilidad del viejo cementerio de la Villa de Arico, en la isla de Tenerife, se vio alterada por la presencia de varias personas que con fines delictivos irrumpieron tras sus muros y robaron el contenido de cinco nichos. ¿Con qué finalidad?, ¿ritos satánicos, santería, juegos organizados, gamberrismo? Ahora, con la perspectiva del tiempo transcurrido, y lo que es más importante, con los datos oficiales sobre la mesa, y a los que hemos podido acceder, ha llegado el momento de poner los puntos sobre las íes. Marquemos el trazo cronológico y hagamos un recorrido por los hechos.

En la madrugada del 31 de diciembre de 2010 acceden al interior del antiguo cementerio de Arico, un número indeterminado de personas que amparados por la tranquilidad de la zona, máxime teniendo en cuenta que se estaba celebrando la llegada del nuevo año, acceden a las solitarias instalaciones y profanan con total impunidad cinco nichos llevándose los restos óseos que albergaban en su interior. Con celeridad, comenzaron las diligencias policiales, primeramente por parte de la policía local del municipio, pasando inmediatamente el expediente a competencia de la Comandancia de la Guardia Civil. Inevitablemente y de forma paralela, comienzan a florecer los rumores que apuntan en su mayoría hacia prácticas satánicas o ritualísticas escoradas hacia la santería. Y es que no son pocas las ocasiones en las que unas instalaciones de este tipo se ven profanadas por grupos satánicos o de corte similar. No podemos obviar la existencia de grupos satánicos o luciferinos en las Islas, alguna vez trataremos este asunto de forma particular, y las actividades que éstos realizan relacionadas con ceremonias de iniciación, cultos de pago, etc. Habría que decir que este tipo de agrupaciones dejan claras marcas de su presencia allí donde celebran sus ritos, plasmando la estrella satánica, invirtiendo o quebrando cruces, partiendo imágenes religiosas o las losas lapidarias de tumbas y nichos. En este caso que nos ocupan, no hay rastro alguno de este tipo. En otra línea paralela y nada que ver con la anterior, nos encontramos con los grupúsculos de santeros y sucedáneos. La santería se ha arraigado en Canarias de forma importante en los últimos años, podríamos decir que en las últimas dos décadas, proveniente desde países como Puerto Rico, Venezuela, República Dominicana o Brasil.

¿Qué ocurrió exactamente en el viejo cementerio de Arico? ¿Cuál fue la motivación para robar esos restos y en qué punto se encuentra actualmente la investigación?
He querido hablar con el experimentado criminólogo y perito calígrafo judicial Félix Ríos, quien desde un primer momento ha seguido el rastro y ha realizado interesantes e intensas pesquisas para dar luz a este particular asunto. En una breve pero fructífera conversación, pudimos preguntarle por algunos datos determinantes en la investigación.

Restos del único nicho del que no se conoce la identidad de su ocupante. / DA

El criminólogo explica que preside la Asociación Laxshmi, “un colectivo de profesionales, la mayoría del mundo forense y judicial, así como voluntarios, interesados en ayudar altruistamente a resolver crímenes y desapariciones en Canarias, ayudando y asesorando a familias de víctimas, colectivos, etc”. Actualmente, además de investigar el asunto del robo de tumbas en Arico, esta asociación revisa el caso de la desaparición de Francisco Epifanio en Las Palmas; el crimen de Urbana Ramos, en Fonsalía; el hallazgo del cuerpo de la joven Cathaisa Rodríguez, en Lanzarote; el estrangulamiento de Alfonso Fernández, en Tahiche. “Hemos conseguido reabrir el asesinato y violación de Marisa Hernández en San Juan de la Rambla, y también realizamos el envejecimiento informático del retrato de Yéremi Vargas para colaborar en su búsqueda. Por último, hemos dado el salto a la Península y estamos intentando reabrir el caso de Soledad Donoso, desaparecida en Córdoba en 1992 y encontrada a las dos semanas desmembrada en la orilla del Guadalquivir”, explica este experto.

Con respecto a este asunto, ya se sabe que ni sectas, ni ladrones de cuerpos sacados de una película, ni escurridizos hombres enmascarados. “Saber, aún no se sabe nada con exactitud. Sin embargo, sí sabemos que el equipo de Policía Judicial de Granadilla de Abona mantiene la misma teoría que nosotros, y es que el robo está relacionado con el mundo de la santería. No existe ningún indicio, documento, o informe que siquiera insinúe la posible participación de un grupo sectario, un colectivo satánico, una pandilla de gamberros ni nada parecido”, remarca Félix Ríos quien aclara que aquel testimonio que situaba en la escena del delito, a un hombre con la cara totalmente pintada de blanco, “era una completa tergiversación del testimonio de una vecina. Al parecer hubo un grupo de jóvenes que semanas antes se encontraban realizando juegos de supervivencia por la zona, y llevaban la cara pintada de camuflaje. Entraron al cementerio a beber agua y una vecina los vio, asustándose lógicamente. La policía habló con ellos y su monitor, y por supuesto que se descartó que tuvieran nada que ver con el asunto. De ahí a un brujo practicante de Vudú… pues es mitología popular”.

La asociación ha podido acceder a la documentación de la investigación policial y coinciden con ellos en que todo “apunta a un grupo relacionado con la santería, concretamente paleros, cuyo objetivo con el robo de huesos no es otro que utilizarlos para determinados rituales encaminados a esclavizar a los espíritus de los dueños de esos huesos a un mago o una persona que así se lo encarga a éste. Sin embargo, no se pronuncian sobre si el robo pudo ser perpetrado directamente por los paleros o, tal y como nosotros apuntamos, por personas contratados por estos, o convencidas de poder venderles los restos óseos”.

Este equipo recuerda que el campo de la santería es muy amplio y diverso, y existen desde reconocidos practicantes hasta charlatanes oportunistas. “Los expertos con los que hemos hablado de toda España, si nos insisten en que hay que conocer quiénes eran las personas de las que se ha robado sus huesos, así como la forma de su muerte, para poder determinar concretamente a qué tipo de ritos y por tanto de santeros, pueden ir dirigidos esos huesos. Lo cierto es que hay un nicho del que no se averiguó inicialmente su titular, ya que consta en las diligencias que no tenía lápida, y que también fue profanado. Por tanto es prioritario averiguar en el registro del ayuntamiento quien era esa persona, para poder establecer o descartar una relación entre los nichos y por ende apuntar a un rito u otro. Lo demás, son hipótesis sin base científica”, sentencia.

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Las reglas del Congo

Palo o las reglas del Congo, son grupos que centran sus orígenes en las etnias melanoafricanas y cuyas prácticas fueron llevadas a Cuba a través de la contratación de esclavos africanos. A mediados del siglo XX, se extiende fuera de la isla caribeña y llega a Estados Unidos, Venezuela, Colombia y Puerto rico.

El número de seguidores de Palo Congo en todo el mundo es imposible de determinar y basan su sistema de creencias en dos grandes bases: la creencia en los poderes que ofrece la Madre Naturaleza y la veneración de los espíritus de sus ancestros. Los objetos naturales y especialmente los palos son conocidos como Prenda y son objeto central de ritos mágicos. El culto y la práctica del Palo se desarrollan sobre un altar, en un espacio consagrado que contiene tierra sagrada, restos humanos y otros objetos o pertenencias. Además, hay que indicar que este lugar de culto está habitado por un muerto o el espíritu de un muerto que actúa como guía para todas las actividades que ahí se desarrollan.

Los métodos de adivinación son diversos, pero no debemos obviar el uso frecuente de restos óseos de humanos que obtienen a través de la expoliación de nichos o tumbas en los cementerios.

En las Islas Canarias se han detectado un importante número de estas pequeñas agrupaciones, estando perfectamente localizadas muchas de ellas pero que en el cómputo general, no representan un porcentaje demasiado alto si lo comparamos con la clandestinidad de la que gozan la mayoría de ellas, en total impunidad y con libertad de maniobra.

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