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Esto no se cobra> Cristina García Maffiotte

Las orejas del lobo > Cristina García Maffiotte

   

La Plataforma Dignidad de las Personas sin Hogar presentó ante el registro de la Cámara regional un escrito refrendado por 6.000 firmas pidiéndoles a los señores diputados que renunciaran a su media paga extra navideña. Como era de esperar, el asunto no llegó siquiera a debatirse. Hay que entenderlos. Hasta ahora, quienes han acordado solidariamente bajadas de sueldo, pérdidas de derechos adquiridos y más horas de trabajo por menos sueldo son (solo) miles de trabajadores de empresas privadas que se han visto en los últimos años en la disyuntiva de tomar esa decisión para evitar más pérdidas de puestos de trabajo en su empresa. En los últimos doce meses han sido numerosos los casos de asambleas de trabajadores que han votado a favor de perder un poco de sueldo para evitar perder sus puestos de trabajo. Y ahí está la clave. En que la amenaza de la pérdida del trabajo es lo que ha sustentado y seguirá haciéndolo esos acuerdos de trabajadores con sus empresas.

Sin embargo, los políticos no tienen ese miedo. Siguen sin darse cuenta de que esto no es momentáneo. Que esto puede ser para siempre. No son conscientes de que con la que está cayendo igual esos tres años y medio de trabajo asegurado que les quedan no llegan a cumplirse porque los recortes ya han empezado pero no sabemos cuándo y dónde van a terminar. Y ya no hay ni vacas sagradas.

Por no respetarse no se respeta ni la democracia y, si no, mire usted a Italia y a Grecia. Dos gobiernos cambiados a dedo desde Europa y sin pasar por la casilla de unas elecciones. Una Europa, por cierto, gestionada desde complejas burbujas burocráticas por técnicos que tampoco han sido elegidos por el imperfecto pero apañadito sistema de meter papeletas en unas urnas.

Pero se ve que nuestros diputados regionales todavía no le han visto las orejas al lobo. En cualquier caso, insisto en que lo preocupante no es que rechazaran renunciar a esa media paga extra sino los argumentos con los que han justificado su decisión. “No cobramos tanto”, “en otras Cámaras se cobra mucho más” (sin pararse a pensar que igual no es que ellos cobren menos sino que los otros cobran demasiado), “en el Parlamento se trabaja mucho, incluso por las tardes” y, por supuesto, como colofón final la mejor de todas “en la actividad privada ganaríamos más”. En esta última frase está el quid de la cuestión. En primer lugar porque quien habla así demuestra no tener ni la más remota idea de cómo están y cómo se paga en las empresas privadas. Empresas privadas normalitas, claro, porque salvando a uno o dos de nuestros parlamentarios, el resto no tiene currículum para trabajar en una multinacional, sino en una pyme de andar por casa. En segundo lugar porque denota que están más fuera de la realidad de lo que pueda parecer. En las empresas privadas (en las que, por cierto, ya se han reducido los sueldos para seguir abiertas) además de trabajar por la mañana, por la tarde y los festivos si fuera menester, no te pagan el móvil, el ordenador, el taxi y, por supuesto, y el concepto dieta por asistencia al puesto de trabajo no existe. Como tampoco el de dedicación exclusiva. Y, además, en muchas de ellas, se cobra por objetivo y, a tenor del lío administrativo y normativo que hay en esta Comunidad, podríamos decir que los parlamentarios canarios no han cumplido su objetivo; más bien lo contrario.

El problema de los diputados canarios no es que no hayan querido no ya renunciar a la media paga extra de navidad sino simplemente sentarse a debatir esta posibilidad. El problema es que siguen sin entender que se haya montado el revuelo que se ha montado por, total, unos cuantos miles de euros; vamos, por lo que ellos llaman el chocolate del loro. Un chocolate del loro que bien gestionado permitiría a muchas personas sin hogar comer caliente varias veces en semana y dormir a cubierto. Solo eso.

Bueno, el problema es ese y la pereza que me da hablar de este tema porque es como hablarle a un niño chico. Le puedes amenazar con que viene el lobo y no te hacen caso. Solo cuando le ven las orejas es cuando les entra el miedo. Y mientras algunos ya le hemos visto las orejas, las garras y la cara, nuestros parlamentarios, metidos en su burbuja del Salón de Plenos, siguen pensando que esto son cuentos chinos. Solo verán al lobo cuando ya se los haya devorado.