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Libertad de expresión > Francisco Pomares

   

Hace ya algún tiempo que decidí dejar de leer los editoriales de El Día. No lo hice por miedo a que el disparate sea contagioso, ni porque padezca de incontinencia en situaciones de carcajada extrema. Lo hice como una forma privada -casi íntima- de protección ante la zafiedad. Creo que los seres humanos estamos genéticamente preparados para soportar una cantidad limitada de basura, y si sobrepasamos esa ración -lo que no es difícil si se dedica mucho tiempo a ver la tele- acaba uno por inmunizarse ante la grosería.

Aún así, hay días que es imposible no tropezarse a la fuerza con el editorial de marras: José Rodríguez, ha inventado una técnica periodística que es la de convertir toda la primera página de su rotativo -y a veces también toda la última- en mensaje editorial, quizá porque cree que la misión del periódico no es contar lo que ocurre, sino lo que a él se le ocurre. También ha inventado don José el editorialismo con sujeto, en el que el propio editor nos relata sin sonrojo lo inteligente, valiente y viril (sí, incluso eso) que es él mismo mismamente. Son pequeñas manías del editor, como maniática es la transformación de El Día en portavoz del independentismo, facción surrealista de Tenerife. Pero son sus manías y es su periódico. Si don José ha decidido conducir el que fuera el gran periódico de Tenerife al ridículo, allá él y allá sus compañeros en ese viaje.

Lo que resulta ilegítimo es la reiteración obsesiva en el insulto personal y familiar a un político, sin utilizar para ello argumento alguno. Personalmente, creo que no resulta difícil encontrar motivos sobrados para criticar las políticas de Paulino Rivero, sin tener que caer en la grosería, la zafiedad y la bajeza. Esta campaña de destrucción personal y moral contra Rivero es -además- solo una parte del problema. Por ese tobogán, se cuelan vicios y actitudes que nada tienen que ver con este oficio: el insulto a Rivero se traslada a todos los que no suscriben la estrategia dinamitera del rotativo: todos los de Coalición Canaria son -porque mantienen a Rivero y no se pliegan a lo que don José les pide- traidores, truhanes, sinvergüenzas y bandidos. A los jueces y fiscales que atienden las denuncias contra él, les acusa de estar al servicio de la metrópoli, incluso antes de que emitan veredicto. Y a los periodistas que le critican los trata de porculeables, mariconzones y retambufarios, en otra fijación maniática con el trasero de los demás. Y a esa basura le llama libertad de expresión…