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Llegan los recortes > Leopoldo Fernández

   

Mañana mismo el Gobierno inicia su previsto programa de recortes, el peaje a pagar por la recesión económica, el paro y la deuda soberana. Habrá recortes en todo, ya lo dijo Rajoy, menos en pensiones. Éstas se dice que subirán el 1%, nada de recuperar el poder adquisitivo perdido o de equilibrar la subida con arreglo al IPC. Los funcionarios seguirán congeladísimos, lo que ya es ganar algo porque inicialmente se pensó en rebajar de nuevo su salario. Las disminuciones económicas van a incidir directamente, en el caso canario, sobre todo tipo de inversiones. Desde puertos a aeropuertos, desde carreteras a hospitales, pasando por los trenes. Está por discutir entre los dos gobiernos qué obras de “estricta necesidad” se mantienen y de dónde sale el dinero. Para Tenerife lo que viene es de agárrate que hay curvas, ya que anda metido en obras imprescindibles, como el cierre del anillo insular, algunas circunvalaciones y otros proyectos que, por unas causas u otras, se alargan durante años mientras en Gran Canaria, más diligentes y oportunistas, los tienen ya resueltos en su casi totalidad. Infraestructuras al margen, otros recortes a cuenta de la rebaja de la financiación estatal afectarán a la propia comunidad autónoma, cabildos y ayuntamientos, con los consiguientes efectos perniciosos a la hora de cuadrar las cuentas y atender las necesidades más perentorias, que vienen por la vía de los sueldos y de la prestación de servicios de carácter social y solidario. Y si alguien se queja, que mire hacia Madeira, esa isla portuguesa tan cercana, que acaba de anunciar drásticos ajustes para poder pagar su deuda -casi 6.000 millones, cerca del doble de la canaria-, a base de subida generalizadas de impuestos y tasas, incluidos tabaco y carburantes, despido de funcionarios y supresión de pagas extras para los que se quedan, reducción de las inversiones a la mitad, etc. Esos 16.500 millones de recortes que anunció Rajoy en su investidura para la Administración central los expertos los sitúan en el entorno de los 30.000 millones, una cifra que quita la respiración pero que tendrá que salir de los ministerios más inversores y del capítulo uno del presupuesto. Con este panorama, lo menos que se exige al Gobierno de Canarias es austeridad a tope, rigor en el manejo del dinero público y ejemplaridad, como compromisos ineludibles para estos momentos de crisis y para los que se avecinan, participando así en la acción concertada de todas las administraciones para poder reducir el déficit público con los menores perjuicios y preservando hasta donde sea posible el gasto social. Luego, a finales de marzo, vendrán los ajustes más extremos y duros…