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Lo que vean será lo que hagan

   

Imagen de un botellón, actividad muy extendida entre los jóvenes los fines de semana. | DA

INMA MARTOS | Santa Cruz de Tenerife

Cuando los niños dicen por primera vez papá y lo repiten continuamente, es probable que éste progenitor sea el que menos esté con él y como consecuencia a quien más se nombre por parte del resto de miembros de la familia. Ellos, los pequeños, repiten lo que oyen.
Pero no sólo lo que oyen, ya que una buena parte del aprendizaje de los niños desde su nacimiento, se basa en la imitación a las personas que tienen más cerca. Los adultos somos referencias para ellos, y aprenderán lo que vean de nosotros ya sean hábitos sanos, o no tanto.

Adela de tres años aprovecha que su padre no mira y coge un cigarro de la cajetilla de tabaco. Aunque le han dicho cientos de veces “eso es caca”, lo que realmente observa es que su papá y su mamá lo hacen y por lo tanto, no tiene por qué ser malo. Así que cuando su padre la descubre con el cigarro en la boca y afanada en encender el mechero, quizá no llegue a entender la reprimenda que le caerá seguro.

En estos casos, queda la esperanza de que en la escuela se tope con algún programa de prevención del tabaquismo y sean los propios niños quienes insten a sus padres a dejar el hábito. Porque ellos se convierten de alguna forma en educadores de la salud y las buenas prácticas, trasladando al ámbito del hogar lo que escuchan en el colegio. Ana de seis años, por ejemplo, logró que sus padres compraran tres contenedores para separar la basura según sus componentes. Y es que los hábitos que no se aprenden desde niño son difíciles de inculcar, dicen los expertos en salud y educación, quienes han visto en la educación para la prevención, no sólo una forma de atajar problemas futuros, sino una ayuda para controlar los de los adultos a través de los niños. Casi inmersos ya en las fiestas navideñas y teniendo en cuenta el papel que juegan las bebidas alcohólicas no en estas celebraciones, sino en casi todas tradicionalmente en España podemos extrapolar lo dicho anteriormente.

Una de las preocupaciones de quienes se dedican con esmero a elaborar los programas de prevención en salud es la dificultad de erradicar hábitos que están tan arraigados a la cultura de un país. Vemos el fútbol vaciando una caja de cerveza, brindamos la navidad con un buen vino y celebramos la llegada del nuevo año con cava. Todo eso generalmente en presencia de los infantes de la familia que como es lógico, están esperando con ansia cumplir la edad para unirse a la celebración de la manera en que la viven los adultos.

La directora general de Atención a las Drogodependencias del Gobierno de Canarias, Pilar Teresa Díaz Luis, destaca que el aumento de los índices de consumo de alcohol en los jóvenes hace necesario y urgente el debate social al respecto y la colaboración de todos aquellos agentes implicados de forma directa o indirecta en la educación de los niños y en la producción y distribución de bebidas alcohólicas.

“Los adultos consumimos a veces sin darnos cuenta de que somos modelos de socialización de los más pequeños y luego, paradójicamente nos sorprendemos si nuestros hijos hacen botellón”, comenta. Lo más importante es empezar a trabajar desde la infancia y desde todos los ámbitos, en primer lugar el familiar y el colegio, para que lleguen a la adolescencia y la madurez con una conciencia social y la capacidad de tomar decisiones seguras y saludables.