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Lope de Vega > Luis Ortega

   

Desde hace ocho días -mañana es la última Misa de Luz- las calles de Canarias suenan y huelen distinto; en primer plano o a lo lejos se oyen ranchos y parrandas pascuales que proclaman “la noticia esperada del Divino Nacimiento”, y de las casas, por chimeneas y ventanas, se esparcen los aromas de los pastelillos puntuales, elaborados con recetas seculares para consumir en las fiestas que cierran el año gastado y abren el albur del nuevo. En Santa Cruz de La Palma, una ciudad litoral que influyó en la urbanización de los enclaves americanos pero que, por la especulación, el mal gusto y la falta de patriotismo, las navidades nos hacen olvidar los adefesios y aberraciones que atentan contra el patrimonio de todos, y nos meten en un grato ambiente fuera del tiempo que se conserva por la voluntad y el sacrificio de los paisanos más que por el interés y celo de las instituciones. A varias generaciones nos crecieron los dientes con los villancicos de Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635) y, de un modo muy particular, con uno de los más hermosos escritos en lengua castellana: “Las pajas del pesebre / Niño de Belén / hoy son flores y rosas / mañana serán hiel”…, y el atávico Albricias Hijos de Eva, incluido en quinientista Cancionero de Upsala, exclusivo durante años de la Parroquia Matriz del Salvador e interpretado con órgano e instrumentos de percusión: “Albricias hijos de Adán / nuevas felices, mortales / que ya el cielo y la tierra / han querido hacer las paces…” Y, junto a ellos, alboradas castellanas, tonadas extremeñas, gallegas andaluzas, levantinas, coplas, alegrías y zarandas andalusíes, canciones de campanilleros, adecuadas y zarandas andalusíes, cantares adoptados de toda la geografía del idioma; delicados cánticos catalanes, naturalmente traducidos, como El Noi de la Mare: “¿Qué le daremos al niño querido / con que se pueda reír y alegrar / Vamos a darle una cesta de guindas / para comerlas o para jugar…” A este rico caudal se unen las aportaciones americanas, interpretadas con instrumentos criollos y con letras de conmovedora expresividad y las producciones locales, de gran popularidad que han movido a músicos cultos (Luis Cobiella, por ejemplo) y populares (directores de agrupaciones folclóricas y bandas modernas) y que aluden a esa prodigiosa circunstancia de que cualquier lugar, aún los de latitudes cálidas, sean durante unos días nada menos que el pobre y famoso Belén, donde la esperanza y la reconciliación de Dios y los hombres se materializaron en un recién nacido.