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Los inquisidores > María Vacas Sentís

   

En este mundo de paradojas y sinsentidos las personas más dañinas en ocasiones se trasfiguran por arte de birlibirloque en los ofendidos. O los que más deberían mantenerse en silencio se convierten en los más prestos a romperlo; quizás para encubrir sus miserias, situarse del otro lado y desaparecer del punto de mira. Del mismo modo, a veces, aquellos que, impúdicos, han sacado tajada de lo público, aquellos que se han beneficiado de las adjudicaciones de amigos, socios o compinches, casi desde el mismo instante en que se les cierra el grifo y se les aparta de su perfecto echadero particular, se dedican a defender, como mantra obsesivo, el desmantelamiento de un “insostenible” sector público, del que hace muy poco se servían a su antojo, demandando que se levanten los límites a la eficasísima empresa privada, y que se eche a un buen porcentaje de empleados públicos a la calle. Porque hay personajes que desde sus tribunas mediáticas reclaman pautada y disciplinadamente recortes de empleo en todas las administraciones canarias, y que se acometan con urgencia “inevitables reformas dolorosas”, después, eso sí, de haber estado aposentados percibiendo, junto con decenas de personas más, y durante varias legislaturas, sueldos públicos más que dignos a cambio de realizar asesoramientos en materias aparentemente ajenas a su preparación, pero muy vinculadas –debe ser- a sus verdaderos intereses. Estos mismos apóstoles neoliberales hablan constantemente de un engorde inusitado del sector público, cuando en Canarias no se supera la media de empleados públicos del Estado, y es una de las regiones donde menos ha crecido su número en los últimos años.

Hay personas que han creado ad hoc sociedades y empresas que misteriosamente –cual insistente premio gordo institucional- han resultado adjudicatarias en repetidas ocasiones con contratos millonarios para la gestión de espacios de ocio ejecutados también con dinero público, en virtud de contactos con amigos estratégicamente colocados, supuestamente también servidores de lo público, pateando la legalidad o, por decirlo más finamente, mediante procedimientos cuando menos irregulares. Y que ahora desde sus tribunas de inquisidores contemporáneos animan a que se prendan de inmediato todas las hogueras. Hay individuos ansiosos por comentar en las tertulias de amigotes a las que invariablemente son invitados los durísimos recortes del sector público que el Gobierno de Rajoy pondrá como un pavo navideño sobre la mesa, desplumado y listo para ser sacrificado. Se les hace la boca agua sólo de pensar en medidas excepcionales para tiempos excepcionales, desde un supuesto realismo político, y que en la práctica se basa únicamente en una descerebrada y suicida reducción acelerada del déficit; y que a la vista está los estupendos resultados económicos y sociales que está obteniendo en toda Europa. Estos voceros del bisturí sostienen que al recortar el sector público existirán más recursos para destinar a la economía productiva (¡que bonito suena eso!), y también mucho más dinero a disposición de los agentes privados de la economía. Y, ¡ojo!, porque cuando ellos lo dicen, dados sus contactos, antecedentes y espabilada experiencia profesional, es que deben tener algún plan -o dos o tres- al respecto.

mvacsen@hotmail.com