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Los lamentos de Amaiur y de otros > Charo Zarzalejos

   

Últimamente, en el País Vasco se están produciendo algunos lamentos bien llamativos. Lamentar el paro, la injusticia, y avergonzarnos de que cada día del año 300 millones de niños logren coger el sueño con la compañía del hambre, entra dentro de lo razonable. Pero los lamentos que llaman la atención son otros. El primero de ellos el que llega desde los firmantes del Acuerdo de Gernika; es decir la izquierda abertzale, o sea Amaiur. Se lamentan de que el viernes fuera detenida Oihana Aguirre, condenada a ocho años de cárcel y que ha sido detenida para que cumpla la condena. Sus compañeros de filas recuerdan que “ha trabajado -la detenida- en la construcción de un escenario de paz y de solución junto a los demás agentes”…, y lamentan que se produzcan “estos ataques a los derechos” en el actual “contexto de paz”.

¿Se lamentan? Pues habrá que decir que se lamenten porque en ningún sitio está escrito que porque ETA deje de matar haya que decretar la impunidad para todos aquellos que durante años y años han hecho cualquier cosa menos respetar los derechos ajenos y que, tras pasar por la justicia, asistidos de todas las garantías jurídicas, se ha concluido que han cometido delito.

Si se estableciera impunidad por el hecho de haber firmado el Acuerdo de Gernika, esta misma impunidad habría que reclamarla -yo lo haría- para todos aquellos que, por ejemplo, por pagar a destiempo a Hacienda deben hacerlo -sí o sí- con recargo. Impunidad, desde luego, para todos aquellos que se han llenado sus bolsillos con dinero que no era suyo. La paz, desde luego, es más que ausencia de violencia. La paz es libertad, y perdón y piedad, pero sobre todo y antes que nada, la paz verdadera es justicia. ¿Es justo que la justicia se haga la loca ante una persona condenada, nada menos, que a ocho años?

No será ni la primera vez que Amaiur se lamente y, conociendo el percal, no produce sorpresa alguna. Más llamativo aún es el lamento del que fuera alcalde de San Sebastián, el socialista Odón Elorza. Después de 25 años, la capital donostiarra se ha visto despojada de ser la sede del festival publicitario El Sol, que, organizado por la Asociación Española de Agencias de Comunicación Publicitaria, congrega cada año a más de 1.800 personas, con lo que eso supone de ocupación hotelera, consumo y dinamismo económico y social. La sede será, este año, la capital vizcaína cuyos órganos de gobierno -Diputación y Ayuntamiento- están en manos del PNV. Ambas instituciones, como es lógico, se han felicitado. Quien se ha lamentado es, como ya se ha indicado, Odón Elorza, que ha culpado del traslado a Bilbao de este importante evento a Bildu, que gobierna en el Ayuntamiento donostiarra. “Gracias, Bildu. Lo vuestro no tiene precio, ni perdón cívico”. Y añade: “Lo que viene sucediendo constituye un suplicio difícil de soportar en silencio”. Tiene razón Elorza, pero sorprende que Elorza se sorprenda porque pocos como él conoce los modos y maneras de quienes hoy gobiernan Guipúzcoa y pocos como él pujaron por su legalización, dieron la bienvenida a la democracia a quienes durante años y años la han despreciado y llegaron a considerar que quienes opinaban lo contrario o se alegraban menos que él y otros muchos era porque o bien no deseaban la paz o tenían intereses bastardos.

Lo que sí hay que agradecerle a Elorza es que rompa el silencio que en el País Vasco todavía continúa siendo espeso. “No quiero callarme más. Sería -dice Elorza- irresponsable por mi parte. Seguid bildus con vuestro patriotismo”. Como yo tampoco quiero callar, lo cuento.