X
EL DARDO >

Los puntos sobre las íes > Leopoldo Fernández

   

El mensaje de S. M. el Rey respondió este año a las expectativas que había despertado entre los ciudadanos y en tal sentido pareció más humano, explícito y comprometido que en años anteriores. El tema Urdangarín, con los correspondientes escándalos e implicaciones éticas de sus negocios, la crisis económica y el fin de la banda terrorista tuvieron su cumplida referencia desde esa autoridad moral que se reconoce al monarca. En una inequívoca referencia a su yerno, aunque no lo citó -sí lo hizo, como contrapunto, en otro pasaje con el Príncipe don Felipe, del que resaltó “el rigor y el acierto”… en el servicio a los españoles y a España, a su democracia, a su Estado de Derecho, a sus libertades, a su unidad y su diversidad, y a la defensa de sus intereses en todo el mundo”-, don Juan Carlos subrayó la necesidad de que “todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar”. Y se mostró especialmente preocupado por la desconfianza que “parece estar extendiéndose” sobre la “credibilidad y el prestigio de algunas de nuestras instituciones. Necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos”, insistió, y subrayó que, cuando se producen conductas irregulares “que no se ajustan a la legalidad o a la ética”, deberán ser juzgadas por una “Justicia (que) es igual para todos”. Yo puntualizaría que no siempre es igual para todos y de hecho el propio Palacio de la Zarzuela se ha pasado varios pueblos al calificar la conducta de Urdangarín de “no ejemplar”; primero lo dijo más tarde de lo conveniente, cuando ya el escándalo estaba en los periódicos, y luego entró en el fondo del asunto, cuando el sumario es aún secreto pese a las filtraciones con menos prudencia de lo debido, dejando a su yerno a los pies de los caballos, juzgado y condenado de antemano, cuando aún no sido imputado, ni llamado a declarar; más o menos, con matices, como en el caso de Miguel Zerolo y compañía, socialmente ya reprobados y sentenciados. En todo caso, la referencia al marido de la infanta Cristina era obligada en esa política de certeza y transparencia en que se ha embarcado la Zarzuela y cuyo colofón natural debe ser el conocimiento público y detallado de las cuentas de la familia real. Me gustó la referencia real a las familias, por su “generosidad y entrega” en favor de la estabilidad social en estos momentos de crisis, su apelación a la necesidad de avenencia y unidad de todos para salir del atolladero económico, así como su firmeza ante ETA, cuya disolución reclama, y su aprecio y reconocimiento a las víctimas del terrorismo.