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Mariano Rajoy > Fernando Fernández

   

Tras la mayoría absoluta del Partido Popular el pasado 20 de Noviembre, Mariano Rajoy Brei será investido presidente del gobierno de España en las próximas horas. Una primera consideración. No es algo apremiante ni prioritario, pero para el futuro habrá que promover los cambios legislativos que permitan hacer posible la toma de posesión de un nuevo gobierno con mayor prontitud.

Tengo escrito que Mariano Rajoy será mejor presidente que candidato. Nadie ignora que no ha sido un candidato que despertara pasiones; tampoco lo fue Aznar antes de 1996, cuando obtuvo su primer triunfo electoral. Cuatro años más tardes ganó por mayoría absoluta gracias a una exitosa gestión y desde entonces hasta hoy, Aznar despierta tantas pasiones entre sus partidarios, como animadversión y hasta odios entre sus enemigos, que no adversarios. En esto estriba el único parecido entre uno y otro. Aznar no fue un buen candidato y si un buen presidente y lo mismo dirá la historia de Rajoy.

Hasta 2004 fue un político de largo recorrido y bajo perfil, cuya gestión estuvo marcada por la prudencia y el acierto en la mayoría de sus decisiones, desde concejal hasta presidente de diputación y como ministro en 3 importantes ministerios. Perdió las elecciones en 2004 y 2008 y finalmente ha tenido un triunfo incontestable, pero en el camino ha tenido que enfrentarse a tantos obstáculos y adversidades que el futuro presidente del gobierno de España es hoy una persona y un político diferente al de 8 años atrás. Ha sido sometido a una campaña de desprestigio que ha tratado de eliminarlo y triturarlo políticamente, tanto por parte de sus adversarios como desde sus propias filas. He dicho adversarios porque, al contrario que Aznar, Rajoy no tiene enemigos entre sus adversarios políticos. Los tuvo y los tiene en su propio partido y en algunos sectores de la derecha mediática. Unos y otros no han dudado en llegar hasta la descalificación personal, haciendo creer que es indolente y dado al buen vivir.

Mariano Rajoy es una persona normal, hijo de un funcionario público de una provincia como Pontevedra, con un brillante expediente académico y profesional, que decidió dedicarse pronto a la política porque le atraía. Nunca se vio involucrado en actuaciones públicas o privadas escandalosas y a muchos, sobre todo a algunos periodistas, es capaz de sacar de sus casillas por su virtud, digo virtud, de no decir una palabra más alta que otra, incapaz de proporcionar un titular para la prensa. No perteneció a la UCD, siempre fue afiliado a Alianza Popular. Cuando la UCD desapareció, suyo fue, en cierta medida, el mérito de lograr la incorporación en su Galicia natal de los restos del naufragio centrista a Alianza Popular. Algunas veces le he escuchado manifestar su sorpresa y desagrado por la incapacidad de la derecha canaria para integrar a una UCD residual, que acabó nutriendo a los partidos insularistas de las AIC, luego CC.

Mariano conoce su partido como nadie. Sabe quién es quién en cada pueblo y en cada provincia. Es conciliador y prefiere hacer amigos que ganarse enemigos, es sobre todo prudente. Cuando Baltasar Gracián escribió sobre el arte de la prudencia ya tenía noticia de Mariano Rajoy. Su devenir político le ha hecho, además, duro como el pedernal. Tiene experiencia, conoce y se estudia los problemas. No le temblará el pulso, es serio, cumplirá lo que ha prometido y al cabo de 4 años España habrá empezado a ver la luz al final del túnel de esta crisis.