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Martes 13 > Francisco Pomares

   

No soy supersticioso: no me importa derramar sal, no soy racista con los gatos, no sufro si un espejo se rompe y, aunque es verdad que no suelo pasar por debajo de las escaleras, es sólo porque estoy, -ejem- un poco salido del percentil, y por eso me parece más lógico bordearlas con cautela. Dicho lo cual, estoy seguro de que hoy, martes 13, va a ocurrir indefectiblemente algo malo tirando a muy malo o a peor.

No me pregunten qué, no soy adivino. Puede ser cualquier cosa: que vuelvan a caer las bolsas de forma estrepitosa, que se derrumbe el Ibex, que cierren cien empresas, que despidan a mil personas, que el recibo de la luz suba un quince por ciento, que Iberia vaya a la huelga, que se descubra que otro banco hace aguas con nuestros ahorros, que Rajoy se levante con ganas de subirnos los impuestos o bajarnos los salarios, que la Merkel descubra que le debemos algo (algo más, quiero decir), que la prima del señor riesgo se salga de madre, o -ya que hablamos de parientes- que al Rey le salga otro yerno… Qué se yo, pero seguro que hoy va a pasar algo realmente desagradable.

Porque no hay día que no nos sorprenda con una mala noticia. La especialidad del momento son, sin duda, las noticias financieras y económicas, pero si uno prefiere refugiarse en las páginas de local también se queda pasmado: al escándalo del día, sazonado con el informe policial del minuto, le sigue que Hacienda ha decidido ponerse a cobrar las multas de tráfico, que a Paulino no le tiembla el pulso y además va a correr en el maratón de Manhattan.

¿Y en internacional? Más de lo mismo: lo que antes eran primaveras árabes son ahora inviernos islamitas, la Unión Europea se despide de sí misma, se investiga por fraude a los rectores de quince universidades (brasileñas, de momento), y en la muy civilizada Turín se pone de moda la caza al gitano. Por no hablar del cambio climático.

Por eso propongo que cambiemos el formato para adaptarlo a los tiempos que corren. Si echamos la vista atrás, todo este maldito año ha sido un año de noticias horribles. ¿Qué puede pasar peor hoy? ¿Qué nos caiga un meteorito? Parece que no, ya pasó uno cerca, vio lo que había aquí abajo y siguió de largo. Por eso propongo que el martes 13, en vez de ser día de la mala suerte (como todos los demás del calendario), sea a partir de ahora un día de suerte más o menos regular. El día “Virgencita, que me quede como estoy”.