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Mi querido Lalo, mi gran amigo > José Domingo Gómez

   

La noticia de tu marcha me la dio Óscar Herrera ayer, viernes, a eso de la una y pico de la tarde, cuando me acerqué a Teide Radio a felicitarlo y a desearle lo mejor para el año que comenzará hoy a partir de las doce de la noche. Confieso que me quedé como planchado. Sabía de tu enfermedad pero conocía también tu fortaleza de carácter y de ánimo, y estaba convencido de que saldrías adelante pues cada vez que iba por la tienda y le preguntaba a Ana o a Beni, la última hace escasamente una semana, ellas, que tanto te querían, me transmitían noticias alentadoras. Ahora, reflexionando, pienso que el corazón tiene deseos y ánimos que lamentablemente el cuerpo muchas veces ni comprende ni comparte.

Eras Lalo bonhomía, educación, caballerosidad, saber estar, lealtad, buscabas siempre la conciliación, y, por encima de todo, lo más importante en ti es que eras amigo de tus amigos, y, por qué no decirlo, eras también cabezonería pero de la razonable, lo que, dicho sea de paso, le enfadaba mucho al Pérez.

Pasamos, Lalo, muchísimos ratos, días y situaciones juntos. Comenzamos cuando la transformación de nuestro CD Tenerife en sociedad anónima deportiva. Javier Pérez, nuestro presidente, el Pérez, como me decías, nos enviaba un día sí y otro también a Radio Club Tenerife para desde sus micrófonos, y con Xuáncar de anfitrión, motivar a los aficionados para que adquirieran acciones de aquella sociedad que iba a nacer. De tanto ir, escuchar y hablar, terminaste convirtiéndote casi, y debido a esa forma tuya de ser “tan alemana” -en cuanto a rectitud, seriedad e interés- en un experto en materia societaria. Nos tocaba ir a los dos a cerrar los fichajes y los traspasos de jugadores que Javier había iniciado, y vivimos muchas veces situaciones de lo más paradójicas y hasta esperpénticas.

Recuerdo ahora, que la memoria me hace revivir todos esos grandes ratos que pasamos juntos, momentos tales como cuando nos tocó ir a Madrid a cerrar el traspaso de Fernando Redondo. Volamos un lunes, no llegamos a un acuerdo con Ramón Mendoza y regresamos a Tenerife. Nos volvieron a llamar y fuimos el miércoles siguiente con el mismo resultado y regresamos de nuevo a nuestra Isla. Por fin nos llaman nuevamente y el jueves, casi recién llegados, volvemos a Madrid y esta vez sí llegamos a un acuerdo y firmamos, y lo hicimos con un bolígrafo especial de Montblanc, tu gran hobby, que llevaste para esa ocasión pues, me decías, que nunca en tu vida habías firmado un contrato por esa cantidad y sabías que no volverías a firmar otro igual. Y, casi sin solución de continuidad, esa misma noche tuvimos otra reunión que terminó a las tres de la madrugada y fichamos a Juanele. Aún recuerdo el respingo que diste cuando el intermediario nos dijo a cuánto ascendían sus honorarios, y, menos mal, eso ya te tranquilizó, que el importe lo compartimos al cincuenta por ciento con el Sporting de Gijón.

Mira, Lalo, que recorrimos kilómetros, ciudades y países. Mira que tuvimos que adaptarnos a la forma de ser de nuestros interlocutores. La de comidas que tuvimos que compartir con Eugenio Prieto cuando fuimos a fichar a Jokanovich, o la forma tan singular de reunirse de Augusto Lendoiro, cuando fuimos a traspasar a Mackay, que consistía en empezar las reuniones a partir de la una de la madrugada, que era cuando él, y nosotros con él, íbamos a cenar. Y qué me dices cuando nos robaron en Buenos Aires. Llegaste demudado al vestíbulo del hotel y me llamaste aparte, me dijiste que habías llegado a tu habitación y que habían reventado la caja fuerte y que a ver cómo se lo decíamos al Pérez. Al final me tocó a mí decírselo pero en justa reciprocidad te obligué a ir conmigo a presentar la denuncia a la Comisaría de la calle Corrientes, donde por supuesto tuviste la oportunidad dentro de tu curiosidad insaciable de confraternizar, y yo contigo, con lo más granado de los merodeadores de las noches de la capital argentina.

Ahora, Lalito, me queda el consuelo de que a Clara, a Marta, a Cristina y a mí nos honraste con tu amistad y tu cariño, y estoy convencido, igual que lo están Elena, Leni y Ardi, que allá arriba, junto a nuestro querido y añorado Javier y a todos aquellos birrias que nos han ido dejando, ya habrán comenzado, seguro, a organizar otra Alternativa Blanquiazul para, desde allí, echar una mano a este Tenerifito de nuestras penas para sacarlo del pozo de la 2ª B.
Lalo, tu marcha nos causa a mi familia y a mí un gran dolor. Para nosotros ha sido un honor y una gran satisfacción haberte tenido como amigo.

*Abogado que transformó el CD Tenerife en sociedad anónima deportiva. Fue durante ocho años el letrado del club blanquiazul