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Oferta de esperanza > Leopoldo Fernández

   

Por encima de buenismos, ambigüedades e inconcreciones varias, incluso de algunos tópicos al uso y de pocas sorpresas, me quedo con la voluntad de diálogo y acuerdo entre PP y PSOE, por el tono de Rubalcaba y el del candidato en el curso del debate, y con la oferta de esperanza del discurso de investidura de Mariano Rajoy. Un discurso muy generalista, sin sorpresas -con anuncios cantados en materia laboral, de supresión de puentes, subida de pensiones, creación del Ministerio de Agricultura, IVA pagado antes de pasarlo al cobro, la vuelta al recurso previo de inconstitucionalidad, los tratamientos fiscales benevolentes para pymes y autónomos, prohibición de prejubilaciones, reformas laboral -“justa, segura y de marco flexible”-, financiera y administrativa, límites de gastos y de endeudamiento para todas las administraciones, ayudas a la compra de vivienda habitual, estabilidad presupuestaria a toda costa, congelación de oposiciones, etc., y con medidas inevitables para poder reducir el déficit público en 16.500 millones, una cifra muy provisional, por baja. No se habló de subida de impuestos, ni tampoco de ajustes detallados, que se han dejado para el primer o segundo trimestre de 2012 -¿será para no contaminar las elecciones andaluzas previstas para marzo?-, ni de los grandes objetivos de los Presupuestos del próximo año, que tanto pueden afectar a Canarias. Parece lógico porque ni conoce Rajoy los datos que le deja el Gobierno saliente en los cajones, ni el cuadro macroeconómico europeo; en cualquier caso, será la anunciada Ley de Medidas Urgentes la que seguramente servirá, como fondo de saco, para las previsibles austeridades, las medidas impopulares y el rediseño de determinadas competencias y colaboraciones entre el Estado y las comunidades autónomas. Por cierto, los nacionalistas estaban ayer la mar de cabreados: por lo que no dijo y por lo que insinuó Rajoy, que estuvo exquisitamente respetuoso con el Gobierno en funciones y con su presidente. La machacona insistencia sobre la creación de empleo, por sus efectos sobre toda la sociedad, y el silencio deliberado sobre ETA, lo mismo que las referencias al sector turístico -mejor fiscalidad, un plan integral y potenciación de la imagen de España en el exterior, principalmente-, y la Ley de Transparencia son también notas llamativas que marcan intenciones. Habrá que esperar algún tiempo para conocer ciertas políticas socio-económicas y para resolver los problemas con los organismos reguladores, el Poder Judicial y el Tribunal Constitucional. La tarea pendiente es inmensa, como inmensas son las dificultades objetivas del momento presente y los sacrificios que reclama.