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Optimismo y realidad > Tomás Gandía

   

En casi nada estamos absolutamente conformes los individuos de la desavenida familia humana. Cada cual ve las cosas teñidas del color de su iris. Lo que a unos agrada a otros repugna sin más fundamento que el particular juicio o prejuicio. Por ello, no resultaría muy desacertada la opinión de que el optimismo práctico es una cuestión mayormente de carácter subjetivo que objetivo, porque no depende tan directamente de las circunstancias como de la actitud mental en que respecto a ellas nos coloquemos. Recordando el pasado, nos reímos de las frivolidades que constituyeron el encanto de la más tierna adolescencia, y al llegar la senectud nos arrepentimos en multitud de ocasiones de errores cometidos con anterioridad.

A lo largo de la existencia se alteran, transforman y cambian radicalmente los pensamientos, anhelos, inclinaciones, deseos, sentimientos, gustos, ideas y emociones, hasta el punto de olvidar con entera indiferencia lo que un tiempo considerábamos indesligable de la vida. Sin embargo, entre esta incesante mudanza subsiste algo superior a toda esa serie de pensamientos, deseos y emociones. Es la conciencia de nuestra individualidad, cuyo capital atributo es la voluntad, de que proceden el conocimiento y la actividad.

El optimismo práctico se confunde muchas veces con las morbosas excitaciones de la fantasía y los falaces espejismos de la quimera. Está demostrado que la magnitud del empeño ha de estar en proporción de las fuerzas de que se disponga para realizarlo con seguridad de triunfo.

Sería insensatez creer que la vida optimista consiste en la eliminación forzosa de los sinsabores, inquietudes, ansiedades y contratiempos inherentes a la condición humana, cuando lo más eficaz supondría el no rendirse a su empuje ni capitular con el infortunio.

Tampoco el optimismo práctico en esta vida significaría adoptar actitudes de impasibilidad con disfraz estoico por parte de quien toma las cosas según vienen, dejándose llevar como tronco arrastrado por las aguas, aunque muchas gentes piensan que lo ideal estaría en poner al mal tiempo buena cara.