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Otros tiempos > Jorge Bethencourt

   

Hace bien poco el periodismo canario perdió a Gilberto Alemán, un viejo compañero y maestro que vivió lo peor y lo mejor del periodismo canario. Y antes que él se nos fueron muchos otros camaradas de trinchera y rueda de prensa, gente como Pepe Chela o Paco Cansino, con los que muchos hicimos horas y horas de callejeo a la búsqueda de una declaración o una noticia. Se fueron y ocuparon un breve espacio de atención en esos medios a los que dedicaron toda su vida. Una cariñosa necrológica y un sentido recuerdo. Pero siguen estando en la memoria de quienes estuvimos con ellos y los vimos hacer lo mejor de su trabajo.

El otro día hacía memoria de las anécdotas más chuscas del periodismo en nuestras Islas. Algunas relatadas por esos compañeros que ya no están y otras vividas en directo. Gilberto solía relatar la vez en que el periódico La Tarde había equivocado un par de fotos. En la caja de una noticia sobre la llegada de una remesa de ganado vacuno al puerto de Tenerife, aparecía la instantánea de un ministro y su comitiva, que bajaban por la escalerilla de un avión en Los Rodeos. Y en otra noticia, que anunciaba la visita del ministro franquista y su séquito, como es lógico, aparecía la foto del ganado con un lacónico pie de foto: “Los animales a su llegada a nuestra Isla”. Fuera un error o una broma, el asunto casi le cuesta la cabeza (y no de ganado) a algunos periodistas. A Chela, ya en democracia, casi le cortan el pescuezo por hacerle una entrevista a Dios, también en La Tarde, donde aparecía en blanco la foto del entrevistado (“coño, es que Dios no existe”, decía Pepe al día siguiente).

Un diputado canario convocó a la prensa en la sede del Gobierno Civil para dar una determinada noticia. Era notorio que, a pesar de ser elegido en Canarias, pasaba su vida en Madrid. Y Paco Cansino, nada más empezar la rueda de prensa, le lanzó una malévola pregunta con una inocente sonrisa. “Y… Bueno, don Luis, ¿cuál es el motivo de su visita a las Islas?” El político, concentrado en lo suyo, empezó a responder explicando el asunto del que quería informar y, cuando apenas llevaba unos segundos, se paró en seco exclamando: “!Oiga… Oiga… Que yo no vengo de visita, que yo soy canario!” Ya no lo pudo arreglar. Hundido uno de uno. Así eran aquellos periodistas.

Muchos de esos plumillas ya no están con ustedes. Pero créanme, eran buenos. Muy buenos. Y de vez en cuando uno los echa mucho de menos.

Twitter@JLBethencourt