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Pádel, el fenómeno que no cesa

   

Un numeroso grupo de alumnos, junto al monitor Santi Alameda, en una jornada de entrenamiento. / DA

JUAN S. SÁNCHEZ | Santa Cruz de Tenerife

El deporte de los pijos, el paraíso para los tenistas frustrados… el pádel ha ido derrumbando barreras y destruyendo tópicos desde que aterrizara en España a mediados de los años 70 de la mano del aristócrata Alfonso de Hohenlohe. Este deporte, que se puso realmente de moda cuando se descubrió que José María Aznar lo practicaba en su pista particular de La Moncloa, no para de crecer y, en Tenerife, su evolución ha sido espectacular hasta convertirse en un fenómeno deportivo y social.

“El pádel es un deporte en el que cuatro amigos se juntan en una cancha para divertirse, desconectarse y competir” esgrime el presidente de la Federación Canaria, Miguel Rueda, que considera que “sí hay un aspecto social importante porque para jugar tienes que contar con tres personas más y también porque un día de pádel no se acaba cuando sales de la pista”.

Es esa condición socializadora la que ha servido para que esta especialidad deportiva haya registrado un crecimiento casi incalculable en el territorio nacional. En Tenerife, el pádel está desbordando las previsiones de los que lo empezaron a practicar en la isla. Mariano Córdoba, pionero y fundador del primer club tinerfeño, Pádel Mar, en la Dársena Pesquera del muelle de Santa Cruz, sostiene que “el crecimiento de este deporte se debe a varios factores, pero principalmente a que cualquier persona, de cualquier edad, puede jugarlo y enseguida nota una rápida progresión, permite unir a muchas personas de diferentes estatus sociales y también se han ido abaratando sus costes hasta ponerlo al alcance de todos”.

Pionero

Álvaro Gutiérrez, número uno de la Federación. / DA

Córdoba, jugador profesional argentino afincado en España, era uno de los miembros de un reducido grupo que empezó a jugar al pádel en la única pista existente a comienzos de los noventa en Tenerife, en Las Américas. Luego, junto a Diego Huber, fundó el club Pádel Mar, donde se habilitaron dos pistas en las que empezó a desarrollarse una afición que pasó de menos de una decena a poco más de una centena de jugadores en un breve espacio de tiempo.

A partir de entonces, el pádel no ha hecho más que crecer, pero el empujón definitivo a esta práctica deportiva llegó a partir de 2005. Así, de aquellas dos pistas que formaban parte del primer club tinerfeño, se ha pasado a las cerca de 150 que se contabilizan actualmente en todo el territorio insular.

En el aspecto de practicantes, las cifras son casi incalculables, pero atendiendo al número de licencias expedidas por la Federación Canaria de Pádel desde su creación hace dos años, se antoja muy numerosa. Los federativos regionales han contabilizado 900 licencias, alrededor de 600 de ellas en Tenerife. Teniendo en cuenta que para jugar al pádel no es necesario tener licencia y atendiendo a las demandas de los clubes, se calcula que diariamente juegan Tenerife al pádel cerca de 1.500 personas, según las cuentas de los clubes privados. La oferta padelera en Tenerife se ha incrementado hasta en los establecimientos hoteleros, donde se puede disfrutar de unas 15 pistas para sus clientes.

En Argentina, cuando el pádel explotó como fenómeno nacional, llegaron a construirse en todo el país 30.000 pistas, y jugaban más de cinco millones de argentinos, era el deporte más popular después del fútbol, pero se perdió el interés porque la mayoría de las pistas eran de cemento y perjudicaban mucho a las articulaciones a la vez que fue creciendo la afición hacia otros deportes como el tenis o el baloncesto. Ahora más de la mitad de esas pistas están abandonadas y se utilizan para hacer asados familiares.

Miguel Rueda no teme que ocurra lo mismo en Tenerife, al menos, a corto plazo. “Es verdad que hay muchos clubes y que es muy difícil llenarlos, pero también es cierto que cada vez hay más gente que practica este deporte y que la demanda se seguirá incrementando”, señala el responsable federativo que considera como clave para que en el futuro no se llegue a la situación de Argentina, “incentivar este deporte entre los más jóvenes”. Para ello, la Federación dispondrá en breve de un centro especializado de formación para los jugadores más destacados que se unirá a la docena de escuelas de menores que hay instauradas ahora mismo en Tenerife.

De una de ellas salió uno de los grandes exponentes del pádel tinerfeño actual, Víctor Sáenz. Afincado en Madrid desde mediados de este año, Sáenz es la imagen de muchos de los jóvenes que empiezan a destacar en este deporte.

“En Tenerife toqué techo, por eso me vine para Madrid, porque aquí puedo entrenar con los mejores del mundo”, cuenta el jugador tinerfeño, que entiende que en la isla “hay que trabajar mucho más con los niños para que todos puedan tener la oportunidad que tengo yo ahora mismo. Ellos son los que ayudarán a llenar todas las instalaciones que se han construido”.

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Taco, capital tinerfeña del pádel

El barrio de Taco, un núcleo poblacional casi exclusivamente obrero y, antaño, industrial, se ha convertido en la capital tinerfeña del pádel. En su territorio se ubican 20 pistas de pádel distribuidas en las seis del club Tecnisur de Los Majuelos, las cuatro municipales del Ayuntamiento de La Laguna, en Las Torres, y las diez de muy reciente inauguración que están instaladas en el club Tenerife Pádel Center.

Es un contraste enorme el que existe en esa relación entre un barrio de clase obrera y un deporte que, cada vez, es menos elitista, socialmente hablando. Taco, con muchos núcleos de población aún deprimidos, recibe la visita diaria de propietarios de grandes empresas, funcionarios de alto nivel o personas de excelente cualificación profesional. Lo que el pádel ha unido, que la crisis no lo separe.

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