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Pepe Gotera y Otilia > Alfonso González Jerez

   

Reuniones, prerreuniones, posreuniones, ruedas de prensa, conversas telefónicas, entrevistas, canapés, miles de folios circulando como tolvaneras, cena prolongada hasta las cinco de la madrugada, Sarkozy bamboleándose frente a las cámaras entre el agotamiento y el miedo.

El resultado final de la Enésima Cumbre de la UE es ya más o menos conocido y se basa, en lo fundamental, en lo ya acordado y expuesto por la canciller alemana y el presidente francés el pasado lunes: la Unión avanzará decidida y obligatoriamente, a través de un nuevo tratado -en realidad una suerte de contrato negociado multilateralmente- hacia la unificación de sus políticas económicas y sobre todo hacendísticas sobre la prioridad incuestionable de la austeridad presupuestaria y el rigor fiscal, y el que no cumpla, pagará amargamente su traición al hermoso proyecto europeo. Si el Reino Unido se queda fuera, y pese a que Londres sea la mayor plaza financiera de Europa, no ocurre nada. La Unión Europea abandona cualquier duda esclerótica y correrá hacia su refundación armonizando su economía y su fiscalidad y esto será más que suficiente para tranquilizar a los mercados y asentar las bases de la futura prosperidad. Tachán.

Todo está envuelto -como ocurre con las medidas y las apariencias de medidas tomadas en el último año y medio- por un velo fantasmagórico. El problema de Europa no consiste, principalmente, en el descontrol presupuestario ni en los déficits fiscales, sino en que el crecimiento económico se ha transformado en un milagro. Incluso si se quiere hablar de deuda pública -un asunto que no es en absoluto menor, pero que no es el asunto- conviene hacerlo en relación con la deuda privada: en España la primera no alcanza todavía el 80% del PIB mientras que la segunda representa más del 300% del Producto Interior Bruto. Pero el crecimiento no preocupa al Gobierno alemán y preocupa muy poco a su valet de chambre, el gobierno francés, mucho más aterrorizado por perder la calificación de AAA que por constatar un aumento de su tasa de desempleo. Se ha excluido tajantemente cualquier mecanismo estable y eficaz para transferir dinero a los países económicamente deprimidos, se ha estigmatizado solemnemente los eurobonos y ha quedado muy claro que cualquier reforma del Banco Central Europeo para que haga algo más que controlar la inflación es considerada una herejía. La enésima y clamorosa chapucilla de Pepe Goterá y Otilia quizás sea útil para amortiguar las sacudidas de los mercados de deuda durante algunas semanas y aliviar la pesadilla de la desintegración del euro. Pero ni supone la refundación de la UE, ni inyecta un átomo de esperanza a la recuperación económica, ni representa un avance en la integración económica real del continente.