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Pesquerías y el mar moro > Rafael Muñoz Abad

   

Con las navidades ya en rumbo de colisión nos hemos topado con la vuelta del viejo conflicto de los caladeros canario- saharianos. Aguas que ahora usa Rabat como uno de sus múltiples torniquetes con los que fastidiar a su querido vecino europeo. Desde el prisma de la legislación marítima, la situación es tan apasionante como espinosa. El reciente bofetonazo sin manos que ha supuesto la negativa a los disparatados delirios del Gobierno de Canarias reclamando las aguas interinsulares como propias, deja en evidencia [una vez más] el desconocimiento del tema que el ejecutivo tiene. De forma muy breve, Canarias, y por mucho que algunos se emperren, no es ni un estado archipielágico ni mucho menos soberano. Juicio, por lo que más allá de sus doce millas jurisdiccionales, no tiene sentido hablar de mar territorial alguno. En contraposición está Marruecos, que sí es un Estado soberano y ribereño; pero que, a la vez, no puede exigir sus doscientas millas jurisdiccionales ya que violaría la soberanía española ejercida en las aguas territoriales de cada isla. La solución se llama negociación y mediana marítima; pero eso requiere de una política firme, ya que la segunda derivada pondría en liza la cuestión del Sahara occidental. La reciente sentencia que ha desestimado las marrullerías jurídicas con las que el Gobierno de Canarias pretende vender esa aberración bautizada como mar canario, destapa otra más de nuestras carencias en materia africana. Marruecos ejerce de facto una soberanía marítima en las aguas del Sahara occidental; cuestión soberanista que todavía no está definida, ya que la resolución del conflicto aún es una realidad latente. Aquellos que son cercanos al mundo marítimo son sabedores de la riqueza del caladero canario-sahariano en especies de valor comercial, y sobre todo, de la complejidad logística que supone desplazar una flota armada para tan concretas pesquerías a otros bancos. Se nos propone faenar en los caladeros mauritanos y no se nos cuenta todo. Es cierto que las aguas mauritanas son igualmente ricas; pero no lo es menos que son campo abonado a los grandes factorías rusos; por no hablar de la pesca furtiva que ejercen los buques holandeses bajo la indiferencia de Bruselas. ¿Saben lo que pasa?, que el peso específico de las grandes corporaciones marítimas en los Países Bajos pesa demasiado como para denunciar la esquilmación del lecho oceánico que estos armadores sin escrúpulos ejercen. La esfera de la legislación marítima es una criatura compleja; enraizada en la preponderancia de aquellos que heredaron la supremacía de la mar; en las interpretaciones obscenas y los vacíos legales que han hecho de las costas africanas el paraíso de la pesca irracional; cementerios de chatarra abandonada; africanos que son enrolados bajo un contrato de semiesclavitud por armadores desaprensivos; todas estas y mil más son tesis alejadas del público. Disfruten del marisco africano estos días.

*Centro de Estudios Africanos de la ULL | cuadernosdeafrica@gmail.com