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Pilar Urbano > Luis Ortega

   

Pertenece a una facción monárquica que deambula entre el chisme y el redentorismo del sistema; goza de la confianza formal de quienes luego la niegan a escondidas o la ponen a caldo a media voz (entre otros, los biografiados con o sin autorización, y sus colegas, sobre todo los que más la jalean); tiene una habilidad especial para hacerse con documentos e informaciones sensibles; cuando se la coge en un renuncio niega la mayor o nos distrae con santa astucia; escribe de modo aseado, pero con esa pulsión dogmática y misionera porque todas las tareas tienen siempre un sentido, una piadosa y oportuna utilidad.

En esa dirección ha firmado una docena de libros y, salvo en la hagiografía -El hombre de Villa Tevere, dedicado a San Josemaría Escriva, su tótem espiritual- y los tochos adulones, con todos ellos ha creado polémicas, especialmente ácidas las de las confesiones de la consorte -La reina muy de cerca, 2008- donde refleja opiniones de la soberana sobre leyes aprobadas por el Parlamento -ampliación de las exigencias de aborto y matrimonio homosexual- que obligaron a unas alambicadas declaraciones de la Casa Real.

Ahora, en medio de la tormenta económica que, de algún modo, atenúa o despista el caso Urdangarín, la garrida Urbano aparece con un nuevo título – ¿autorizado? -El precio del trono (Planeta, 2011), donde cuenta la costosa llegada a la Corona de España de Juan Carlos I, con el salto dinástico incluido, las difíciles relaciones con el Conde de Barcelona- que aguarda, en el pudridero, su lugar en la última urna del Panteón de Reyes del Escorial.

Lista como una tea, abrió su campaña de propaganda con una declaración de principios que, a estas alturas, parece un lema comercial “Ni con el rey ni contra el rey” y, en su peregrinaje por medios escritos y audiovisuales, cuenta, con énfasis adecuado a la ideología del periódico o la emisora, como el entonces Príncipe de Asturias – la Ley de Sucesión que Franco se sacó de la manga lo intituló de España – se sometió a la voluntad – y al capricho – del general, cómo puenteó a su padre, con el que mantuvo pulsos y diferencias, y cómo garantizó las exigencias de Washington para llegar a La Zarzuela.

Tejedora de fondo, desliza como anticipos de futuros libros, los servicios del monarca y la preparación del heredero y es que, ante las mil páginas del libro regalado, la incansable periodista se me antoja como una sibila de esta biblia hispana que, a golpe de fe, opone profecías y santos deseos a la nitidez de los hechos.