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Plataforma de negocios > Salvador García Llanos

   

Apenas queda un mes para la trigesimosegunda edición de la Feria Internacional de Turismo (Fitur), en Madrid, sin duda una de las citas más importantes del año para el sector. Una mayor presencia empresarial y una atención preferente al denominado turismo de compras intentarán compensar la progresiva reducción de los espacios y actividades de las comunidades autónomas, casi un ochenta por ciento, según ha reconocido la dirección de la convocatoria.

Dentro de nada, a la espera de lo que ocurra en las fiestas navideñas, conoceremos los balances del año y tras ellos se podrá confirmar que la próxima edición de Fitur coincidirá con una fase alcista de unos de los principales sectores de la productividad económica española. Canarias ha registrado también unas cifras favorables que han favorecido la contratación laboral, si bien no en la medida que hubiera sido deseable. Es más: han cerrado algunos establecimientos y otros han reducido plantilla y dependencias, con lo que hay que seguir moviéndose con cautelas y poco triunfalismo, conscientes de que determinados problemas siguen latentes y de que no parecen aplicables a corto plazo ciertas medidas correctoras y alternativas exigidas por las propias circunstancias.

Que las empresas turísticas sigan tomándose en serio la feria madrileña es primordial para dimensionar adecuadamente la promoción de los productos y, por consiguiente, la captación de mercados emisores. La competencia es atroz, luego las respuestas deben ser dinámicas y atractivas. El sector privado, además, debe suplementar los efectos de la contracción institucional autonómica, acentuada por el incremento de hasta un tres por ciento en las tarifas de la feria.

A Fitur, durante años, se acudió con un aire de derroche y los tiempos de ahora están para lo contrario: para estar sí, pero con sobriedad, sin despilfarros, con originalidad y aprovechamiento de los recursos disponibles. La feria, cada vez más profesionalizada y menos voluntarista, apunta a una plataforma de negocios y en ella tendrán que saber moverse quienes son conscientes de que las oportunidades no se deben desperdiciar. El sector palpa las incertidumbres de las economías de la Unión Europea. No se puede descuidar: habrá que estar atentos, por ejemplo, a las repercusiones del aislamiento del Reino Unido tras la cumbre de Bruselas. En esa plataforma habrá que enmarcar, por cierto, el Brokerage Event, que cuenta con el patrocinio de varios organismos y del Gobierno de Canarias que porfían la potenciación de la cooperación comercial y la transferencia de tecnología entre empresas y otras entidades de titularidad pública y privada. Las modalidades sobre las que se quiere tratar, ecoturismo y turismo sostenible, por un lado; innovación y productos específicos, como salud, belleza y termalismo, por otro, ponen de relieve la necesidad de ir cualificando y explorando más allá de las fórmulas convencionales. El papel de las empresas, se insiste, es decisivo si se quiere avanzar.

Y que en medio de tanta crisis se hable de turismo de compras como un incentivo, resulta tan paradójico como revelador. Se quiere animar el consumo a toda costa y el reclamo de la feria es teóricamente significativo, al menos para aquellas ciudades que destacan por su rica oferta comercial. Los hábitos de los compradores y de los consumidores, cuando está abierto un gran debate sobre los nuevos caminos de la promoción publicitaria, tienen también en el turismo el campo apropiado para estudiar su delimitación y evolución. A pequeña escala, se debería seguir con atención esta tendencia, más que nada para que el eterno dilema de qué hacer con el pequeño y mediano comercio no vuelva a dormir el sueño de los justos ahora que las ofertas y los mensajes de campaña ya son historia que, como otras veces, se diluye.