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Podría escribir… > Jorge Bethencourt

   

Nadie se podrá sentir decepcionado. Los que esperaban más madera para atizar la hoguera de las críticas y los que confiaban en que el cambio fuera más que pasar de las cejas a las barbas. El discurso de Rajoy fueron sólo palabras. Pero si las palabras son el vestíbulo de los actos, el candidato a la presidencia del Gobierno quiere producir una profunda reforma en España. Si eliminamos la única concesión electoral -la descongelación de las pensiones- nada va a escapar a una profunda regeneración que empieza por el propio sector público. Con un recorte de más de 16.500 millones de euros y una ley de estabilidad presupuestaria, el futuro presidente quiere transformar la administración pública en una herramienta al servicio de una economía privada más competitiva (lo que en sustancia es su papel), acabar con los compartimentos estanco que forman las autonomías y reducir el costo de la burocracia que desempeña sus funciones en la administración.

Reforma del mercado laboral, de las televisiones públicas, eliminación de los puentes recolocando los días festivos, extinguir las jubilaciones anticipadas, aumento de la productividad… Un calendario de vértigo. “Una tarea nacional. Un trabajo que excede las posibilidades de cualquier gobierno”. Así lo definió. Hoy leerán ustedes decenas de análisis sobre el discurso de investidura y las réplicas de la oposición (ya le acusaban nada más terminar de exceso de recortes, “sospechosos” silencios sobre ETA, Europa y el fraude fiscal). Pero en el fondo lo que importa no es lo que se dice, sino lo que va a pasar. Y más allá de las fronteras de la tenebrosa crisis económica, la realidad es la otra crisis de valores que atenaza a España. La cobardía, el oportunismo electoral, la ausencia de grandeza de miras, de hombres y mujeres de Estado. Si la oposición conservadora rozó la deslealtad con el funesto gobierno de Zapatero, lo mismo hará el socialismo con Rajoy. Da igual nuestro naufragio. Da igual. La jaula de grillos comenzará a funcionar mañana mismo. Los territorios tirando de las cuerdas del presupuesto. Los partidos hocicando en rentabilizar medidas impopulares. Los sindicatos y empresarios defendiendo sus canongías escatológicas… Este es el corazón de las tinieblas de España. Que quienes la representan son trozos del tronco putrefacto de una sociedad que ha perdido la capacidad de entenderse para holgarse en la autodestrucción. Podría escribir hoy los versos más tristes, pero ya están escritos. Son la vieja historia y el nuevo presente de España.

@JLBethencourt