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PP-CCN: acuerdo frívolo y visión descentrada > Isaac Castellano San Ginés

   

No es extraño que un repentino cambio de escenario nos desconcierte de tal manera que, en un momento dado, nos cueste asimilar el lugar en el que nos encontramos y determinar con seguridad el rumbo que debemos tomar. En no pocas ocasiones, ante la inseguridad que este hecho nos produce, optamos por dar pasos trastabillados en diferentes direcciones con la esperanza de recuperar la posición en la que controlábamos el espacio u optamos por la parálisis ante nuestra incapacidad de actuar. Ambas respuestas parecen contraproducentes.

En el ámbito político, algo así hemos podido sentir los que pensábamos que habitábamos un espacio de encuentro entre los nacionalistas y, de la noche a la mañana, observamos cómo se trabajaba para hacer que la llegada de un torrente dividiera nuestra tierra y la convirtiera en un lodazal. Quizá ha llegado el momento de empezar a achicar agua y volver a pisar tierra firme.

En el último Comité Federal celebrado por el CCN antes de las elecciones manifesté mi rechazo al acuerdo electoral suscrito con el Partido Popular por entender que desdibujaba la imagen de una organización que se autodefine como nacionalista y considerar que el contenido del mismo era cuanto menos endeble. Una vez pasadas las elecciones habría que completar esta lectura a la luz de lo que ya hemos observado.

No puedo aceptar el argumento de que los resultados electorales dan la razón a quienes defendían ese acuerdo, lo que no viene a ser más que una continuación de la idea de que siempre hay que apuntarse al caballo ganador. Lo honesto es defender las propias convicciones aún cuando éstas puedan confrontarse con las corrientes dominantes. Tenemos que tener en cuenta que la capacidad de oponerse a las opiniones mayoritarias es una virtud necesaria en una sociedad democrática que requiere de nuevas respuestas para afrontar los desafíos de una realidad cambiante.

La dignidad exige que los pactos políticos se construyan sobre la base de un proyecto compartido y no sobre la mera expectativa del reparto de puestos. Lo contrario no haría más que dificultar, mediante la mezcla de alternativas, el derecho que todo ciudadano tiene a elegir entre las distintas opciones políticas que se le presentan.

En las pasadas elecciones el CCN no se limitó a coaligarse sino que renunció a sus siglas para incorporarse a las de otra formación política de la que desconocía su programa electoral. Todo ello bajo el paraguas de un acuerdo del que, tras una lectura detallada, se desprende la falta de asunción de compromisos concretos y evaluables por una de las partes.

Ya la portavoz del grupo parlamentario de cuyo consenso dependería la reforma del Estatuto de Autonomía ha manifestado que acometerla constituiría una “frivolidad”, sin que nadie le haya podido replicar que tal declaración es contraria al compromiso de su partido.

Por el contrario, el CCN se comprometió a apoyar al Partido Popular y Rajoy, “en todo caso” y sin conocer el programa, en su investidura como Presidente del Gobierno de España, sus sucesivos Presupuestos Generales del Estado, sus medidas económicas y ante una eventual moción de censura. En definitiva, prácticamente un cheque en blanco.

Si consideramos el ejercicio de la política como algo más que el acto de coleccionar cargos públicos, ¿podemos decir que el proyecto nacionalista del CCN se ha fortalecido con este acuerdo? Sólo podríamos entender lo acontecido como un éxito si consideramos que el CCN es algo diferente a lo que era hace tan sólo unos meses, es decir, un partido nacionalista de centro que apostaba por la unidad del nacionalismo. Tal reorientación debería requerir previamente el acuerdo del Congreso.

Se podría decir que el CCN fue precursor de la unidad nacionalista y ahora renuncia a lo que impulsó. Ahora se pretende situar a antiguos socios nacionalistas en el extremismo político y se destaca la necesidad de que un partido con tendencia a rechazar las especificidades canarias sea poseedor de una mayoría absoluta

Me cuesta entender cómo se ha cambiado tanto en tan poco tiempo. Si honestamente consideramos que alguna de las formaciones nacionalistas del arco parlamentario se sitúa en la extrema izquierda, quizá hayamos perdido el centro y nuestra tradicional percepción de las distancias. Definitivamente es hora de centrarnos.