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Previsible > Leopoldo Fernández

   

Rajoy volvió a ser ese dirigente previsible de todos conocido. Ha elegido un Gobierno sin paridades de diseño, de personajes curtidos en la cosa pública, donde solo llaman la atención, por su menor proyección en los medios periodísticos, el sociólogo Wert (ex UCD y PDP), Morenés (un hombre de Trillo, que ya fue secretario de Estado en Defensa) y Báñez, a la que le espera la reforma laboral y que ostentará la nueva cartera de Empleo, una denominación que habla por sí sola de las prioridades que más preocupan al presidente. El ascenso de Soria a los altares ministeriales da a Canarias un plus en dos terrenos de gran importancia estratégica: el turismo, con un plan integral pendiente de elaboración, y la energía, a la espera de una reestructuración del sector, al que se le deben más de 20.000 millones de euros por desfase tarifario y que anualmente aporta solidariamente a la tarifa canaria cerca de 700 millones de euros. El Gabinete se reduce de 16 a 13 ministerios, de los cuales siete -otro mensaje a los mercados y a la ciudadanía- tienen fuerte carga económica. A simple vista, parece que la política pivotará sobre Soraya Sáenz de Santamaría, mano derecha de Rajoy y la más joven del Ejecutivo, y la economía en torno a De Guindos (ex de Rato), que se ocupará, entre otra cosas, de la reestructuración financiera y las relaciones económicas con la UE, y quien, currículo profesional aparte, tiene el mérito añadido de su conocimiento de idiomas, lo que inevitablemente ha reducido las aspiraciones de Montoro, aunque no son pocas las competencias de este último sobre los dineros de las Administraciones y la relación de éstas con el Gobierno del Estado. A simple vista, parece un Gobierno de profesionales experimentados, que en buena parte proceden de la empresa privada y en su inmensa mayoría han trabajado con el nuevo presidente en distintos campos. La unión de Hacienda y Administraciones Públicas parece más que razonable, pero sorprende el destino de Ana Pastor, médico y ex ministra de Sanidad, en Fomento, en tanto Ana Mato -persona que, si no estoy mal informado, llegó a la política desde su condición de institutriz de los hijos de Aznar en Valladolid y con su exmarido implicado en el caso Gürtel-, llega a Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. No se conocen algunas cuestiones relevantes, como dónde van a parar las competencias sobre investigación, innovación y nuevas tecnologías, pero esta y otras incógnitas se despejarán seguramente hoy mismo. En principio, el Gobierno tiene toda la pinta de fortaleza, seriedad y capacidad contrastada que le son exigibles. Falta por ver su grado de cohesión y entendimiento para afrontar unos retos nada fáciles.