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Puerta grande > Miguel L. Tejera Jordán

   

Don Mariano Rajoy y el nuevo Gobierno han hecho correr ríos de tinta en unas cuantas horas. Cosa que me parece absurda cuando quedan cuatro años completos para conocer cuál será el andar de la perrita. Tiempo habrá, sin duda, de ponerle nota al nuevo equipo en función de lo que haga. Y, por ahora, no han hecho nada más que tomar posesión de sus cargos y sacarle lustre a las carteras. Durante el discurso de investidura, es decir, cuando todavía no era presidente del Gobierno, don Mariano ha hecho una cosa buena: acordarse de Canarias más veces que cualquiera de sus predecesores. En efecto, ni Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar o Zapatero, mencionaron tantas veces como el señor Rajoy el buen nombre de estas islas. Lo que se agradece, a la vista de cómo está el percal por el terruño.

Ya de presidente, después de jurar ante el Rey y cumplir con otras formalidades, el señor Rajoy ha hecho otra cosa, esta vez no tan buena: anunciar su nuevo gabinete como quien nombra los precios del pescado en una lonja. Enumeró los cargos uno a uno, como el alumno aplicado de una clase. Pero no respondió a ninguna pregunta de los periodistas, lo que hace entrever que estamos ante un presidente esquivo, que va a darle estopa a la prensa. Y, pensándolo bien, puede que esté bien pensado. Un presidente calladito puede que no sea muy del agrado de la canallesca, pero lo prefiero a otro lenguaraz, de los que hablan mucho, pero no dicen nada.

Tiene Rajoy pinta de tipo de despacho: de persianas, visillos y cortinas. De mesa en la que se amontonan los papeles alumbrados por un flexo. De atusarse los pelillos de la barba mientras calibra soluciones para salir de esta crisis que nos está llevando el alma. Y puede que sea bueno que el nuevo presi sea de los que se encierre entre cuatro paredes en lugar de darle al filete, es decir, a la lengua, para no aportar nada. De Canarias ya saben los lectores lo que ha dicho: que el Estado se va a gastar los cuartos al mismo nivel que la media nacional; que da su total, pleno y absoluto respaldo al REF; que vamos a disponer de voz cantante en el Plan Turístico que ha anunciado y que mantendrá la política diferencial de tasas aéreas para no perjudicar el negocio turístico del que se va a encargar precisamente un canario, ministro del ramo. José Manuel Soria será, pues, la voz canaria en el nuevo Consejo de Ministros. Y el látigo previsible del gobierno a dos bandas de este Archipiélago. Tiene por delante la oportunidad de hacer realidad lo que ha venido pregonando toda la vida: demostrar que puede defender Canarias sin ser nacionalista. A lo mejor lo consigue y arroja por tierra la cacareada tesis de que sólo CC puede hacer valer los intereses de los canarios en Madrid, una CC, por cierto capitidisminuida, que pierde fuelle en el Congreso, en cuyo hemiciclo se disgrega, entremezclada en un Grupo Mixto, más mixto que nunca. Con todo, perfil muy profesional para tres ministros que serán claves: Economía, Hacienda y Empleo. Los señores De Guindos, Montoro y la señora Báñez habrán de lidiar la cornamenta más flojucha de la presente situación de crisis. Ahí es nada: tienen meter en la querencia a un astado debilucho y falto de calcio, incapaz de empujar con fuerza, desganado, para sacarlo del ruedo sin pena ni gloria. Serán los ministros encargados de entusiasmar de nuevo a los tendidos de sol y sombra. De hacer que la música haga vibrar otra vez los paseíllos. La economía debe pujar de nuevo con fuerza. Los tres deben acabar con la sangría del paro. Lo tendrán muy duro en la enfermería. Y cuatro años de plazo para que este país vuelva a salir a hombros, por la puerta grande.