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Quemando pólvora > Elba Navarro

   

Cada 31 de diciembre la mayoría nos decimos aquello de “año nuevo, vida nueva” pero sólo lo llevan a cabo unos pocos. Yo, sin ir más lejos, me lo he dicho a lo largo de la última década y no ha sido hasta el 2011 cuando lo he cumplido… ¡y de qué manera, oiga!

Cogí la maleta y crucé el Atlántico junto a mi marido para vivir el American Dream…y en ello estamos, aunque a veces más que sueño, esto es una pesadilla. Sin ir más lejos la celebración de esta Nochevieja me da un miedo terrible.

Aquí el fin de año no es made in Spain. Ni uvas, ni campanadas, ni nada que se le parezca. Esta mañana me desperté con este titular en un diario local: “Campaña contra las balas al aire: una bala mata la fiesta”. Como comprenderán automáticamente me interesé por lo que seguía al enunciado. Al parecer es costumbre celebrar la entrada del año nuevo disparando al aire con armas de fuego. En el artículo mencionan que en muchas ocasiones esta práctica a causado lesiones graves e incluso la muerte a mayores y niños.

Lo más curioso es que hace unos días, hablando con un amigo de Tenerife, le comentaba que estaba sorprendida gratamente con la ciudad de Miami por el civismo con el que organizaban las fiestas. Una naranja gigante, símbolo del estado de La Florida, se ilumina en la parte más alta de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad a las doce de la noche desde hace 25 años. A este acto le sigue un espectáculo pirotécnico único al que asisten más de 120.000 personas y luego cada uno a un local o a su casa porque la ley prohíbe terminantemente consumir alcohol en lugares públicos con pena de cárcel; es más, está prohibido hasta tener una botella abierta en la vía pública. ¡Qué orgullosa me sentí! “Ejemplo debería coger España”, le dije a mi amigo, haciendo alusión al gasto público que supone limpiar las toneladas de basura que dejan cada año quienes, con unas copas de más, olvidan hasta el camino al baño. Hasta hoy mi única preocupación en Nochevieja era no atragantarme con una uva y este año me enfrento a balazos fortuitos… Madre mía, ¡con lo bien que estábamos en Canarias!

Esta claro que cada país tiene sus singularidades a la hora de expresar la alegría que supone una fecha como esta, pero lo que tenemos que garantizar es salir vivos de ella. Por ello, beban todo lo que quieran, celebren y disfruten… pero que sea el transporte público quien les lleve de vuelta a casa.

Yo mientras tanto me buscaré un chaleco antibalas porque mi marido quiere comprarse una semiautomática para unirse a la fiesta, ¡malditos videojuegos!
¡Feliz año nuevo!