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Reunión > Alfonso González Jerez

   

El Gobierno de Canarias ha solicitado una reunión con el flamante y aun no flambeado ministro de Industria, Turismo y Energía, don José Manuel Soria, con las telúricas consecuencias que tal petición puede tener. En Madrid no se habla de otra cosa ni en La Cuesta -sinceramente- tampoco. Esto debe ser lo que la masa encefálica que se acumula en los despachos de la Presidencia del Gobierno autonómico considera “tomar la iniciativa política”. Un gesto para proyectar astutamente que Soria es el requerido por el Ejecutivo regional y, en ningún caso, lo contrario. “Oiga, que queremos una reunión con usted, y cómo no nos conteste, nos convertimos en una cuestión de Estado antes del mediodía del lunes”. Igual convendría no agobiar demasiado al ministro, que todavía no ha tenido tiempo, gracias a los insondables secreteos de don Mariano Rajoy, a nombrar a secretarios de Estado y directores generales.

A Coalición Canaria (y al propio Gobierno que preside) les convendría, más que hablar con Soria, hablar entre sí, para averiguar, entre otras razones, su irresistible tendencia a la insignificancia política, al engarrotamiento operativo, al ensimismamiento oligofrénico, al suicidio político-electoral. En la legislatura pasada los menceyes insulares se inventaron lo de la comisión permanente, una segregación selectiva del comité ejecutivo de CC que se reunía casi todas las semanas, pero sea por despiste, sea por el terror que provocaban los monólogos agropecuarios de Paulino Rivero, este artefacto está muerto y enterrado. La última vez que fue convocada se presentó como análisis de los resultados electorales una negativa concienzuda y despectiva a analizar los resultados electorales. ¿Alguien recuerda si se trató en esa histórica asamblea la posición de CC frente a la investidura de Mariano Rajoy? ¿Quién decidió realmente la abstención de Ana Oramas y Pedro Quevedo? ¿Pedro Quevedo y Ana Oramas? Los especialistas en el subgénero no se ponen de acuerdo sobre si los zombis saben que están vivos o se saben quisquillosamente muertos: quizás CC pudiera ofrecer su experiencia en los últimos dos años para zanjar la cuestión.

A los que sonríen por una eventual disgregación del proyecto coalicionero convendría recordarles que no presagiaría ninguna higienización normalizadora del sistema político canario. Nada de eso. La destrucción explosiva o implosiva de CC consagraría un bipartidismo en Canarias con un PP en situación cuasihegemónica -no serían pocos los coalicioneros que correrían a refugiarse en los brazos de Soria- y un PSOE debilitado durante varias legislaturas. Ah, y un montoncito de partiditos de izquierda con un paraíso portátil en el bolsillo. Un panorama muy prometedor.