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Sin Merkel y Sarkozy no hay futuro > Enrique Arias Vega

   

No me perturba, a diferencia de otros, la visión de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy hablando con una sola voz. Por el contrario, me parece el mayor logro de la Unión Europea. Precisamente, su tratado fundacional tuvo como objeto acabar con las periódicas guerras entre Francia y Alemania que asolaban a Europa. Más allá de este objetivo conseguido, todo lo demás es discutible, hasta la existencia misma del euro. En un reciente viaje a Estocolmo, pude comprobar la satisfacción de los suecos con su vieja corona, la cual les ha permitido un crecimiento económico desconocido en gran parte de Europa. Poco antes, en Lituania, vi cómo el país remolonea para cambiar su moneda por el euro, operación que debía haber realizado hace dos años.
Y es que no todo han sido días de vino y rosas en la UE. Escribo este artículo en Portugal, donde la crisis ha abocado al copago en la sanidad y a nuevos peajes en las autovías, para desconcierto de viajeros y retracción de turistas. Pues bien: desde hace años, anticipándose a los problemas monetarios, muchas empresas lusas vienen colocando sus beneficios en Polonia y otros países fuera de la zona euro. Portugal, por cierto, ejemplifica algunos de los problemas de la Europa periférica. Gastó ayudas comunitarias en un consumo desaforado, en vez de invertirlas en infraestructuras necesarias. Ahora, no le queda otra que apretarse el cinturón y no tiene ni para hacer el imprescindible trazado del AVE con España.
Por eso, insisto, el acuerdo polifónico Merkel-Sarkozy, en vez de una ominosa imposición, me parece el único camino posible para mantener todo lo logrado hasta la fecha.