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Sumario envenenado > Juan Henríquez

   

No escribiré bien, lo acepto, pero cierto ingenio, ¿eh?, sí que tengo. Mira que elegir un martes y trece para escribir sobre el sumario de Las Teresitas, ¡tela marinera! Para ir abriendo el apetito, déjeme que pregunte: ¿de verdad hay alguien que se lea los 90.000 folios de los que dicen consta el sumario de Las Teresitas? Pues, aunque usted no lo crea, hay quienes lo han leído, sobre todo picapleitos. Mis lectores/as comprenderán que un servidor no es que no lo haya leído, sino que ni siquiera lo he intentado; seguiré el debate público, así que, como siempre, diré lo que me dé la gana. Primero terminen de leer, y luego, si quieren, aplaudan; se puede también silbar, a gusto del consumidor.

Lo primero que tengo que manifestar, aunque algunos lo nieguen por interés personal y político, es que el caso Las Teresitas nació politizado, y morirá de la misma manera, si es que algún día muere, al margen, por supuesto, de sentencias absolutorias o condenatorias. Y lo segundo es que, si alguien trata de ubicarme en alguno de los bandos que están en litigio, ahórrense el viaje: esos lujos no están permitidos a los librepensadores. No pertenezco a ninguna de las dos trincheras: ni al régimen o grupo de poder, ni a la secta del garrote mediático. Vamos al meollo de la cuestión, que es lo que interesa.

Al menos compartirán conmigo que más de cinco años bajo sospecha, investigado las veinticuatro horas del día, tanto en lo que respecta a la vida pública como a la privada, es una metralla que jode por muy fuerte que uno quiera hacerse, sobre todo cuando un día sí, y el otro también, te están condenando sin que la justicia se haya pronunciado. Y lo peor es que una sentencia absolutoria te libera de la imputación más grave, la de cohecho, y sigues públicamente condenado, ¡toma castañas, que es la época! ¿Y saben ustedes por qué? Porque no hay huevos para dar la cara y felicitarnos por un trabajo judicial que libera de haber sido sobornados a los imputados/as del caso de Las Teresitas.

Lo siento, pero no se puede estar en misa y repicando a la vez. No se puede hablar de un gran trabajo judicial, para a continuación estar en contra de las sentencias que liberan a los imputados de haber sido comprados.

Me la suda un sumario que especula y no prueba; demasiada retórica sobre conjeturas, suposiciones y apariencias, para justificar un trabajo inconsistente y no probatorio.

Puede que el sumario busque de manera intencionada dejar abierto per secula seculorum el morbo y la especulación del caso Las Teresitas. Puedo asegurar que nunca formé parte del circo mediático, ni me convertí en juez paralelo, otros sí lo hicieron, y deberían pedir disculpas por el mal que han causado de todo tipo, pero no lo harán, y les diré por qué: son unos cobardes a los que no les cuelga nada como a los hombres.

Resulta que, según el jefe del pensamiento único, el ex de todo, Santiago Pérez, al escribir en este periódico, DIARIO DE AVISOS, sobre el caso de Las Teresitas y no coincidir con lo que él piensa, defiendo la corrupción. Eso tiene un nombre: ¡caradura!

juanguanche@telefonica.net