X
La última (columna)> por Jorge Bethencourt

Supervivencia y reformas> Jorge Bethencourt

   

Ya empieza a calar el carabobo. El Gobierno de Canarias está observando con preocupación la conjunción planetaria que ha llevado a Merkel y Zarkozy a plantearse, como Coalición Canaria, una refundación de Europa. Y es que las refundaciones están de oferta esta temporada. Tan de moda que hasta Mariano Rajoy se va a sumar a la idea de una Unión Europea con una política económica y fiscal coherente, porque ha quedado muy claro que no se puede establecer una moneda común si en paralelo no existe una sola autoridad en materia de hacienda y políticas fiscales.

O lo que es lo mismo, que estamos en un proceso de centralismo político. Los jacobinos de Europa van a dar un golpe de mano para concentrar el poder de decisión en los órganos de Gobierno de la Unión Europea, arrebatándoles el poder a los manirrotos sanculottes que han llevado a algunos países al borde de la bancarrota. Un borde peligroso cuyo costo van a tener que pagar también los países ricos; con préstamos a los arruinados, naturalmente.

Nuestro modelo lleva haciendo aguas un par de décadas. Es verdad que nos hemos inflado a pedir y recibir compensaciones que han ido a parar a la mejora de infraestructuras y a maquillar el naufragio de nuestra economía real. Pero lentamente hemos derivado la proa hacia el marisco. Todos los indicadores de alarma llevan chillando desde hace años sin que nadie les haga ni puñetero caso. Y ahora, aunque hasta hace nada lo negaban, en las altas esferas de Canarias ven venir los inevitables recortes que va a sufrir el flujo de oxígeno financiero que nos mantiene en el colchón de los asistidos de Madrid y Bruselas. Y como es normal, les entra un canguelo importante.

Por eso el Archipélago va a tener que cambiar algo más que chapa y pintura. Tendrá que afrontar una profunda reforma de la administración pública, para hacerla menos costosa y más eficaz. Y tendrá que deslizarse por un peligroso discurso de advertencias (que es una metáfora de las amenazas) para hacer ver que el recorte del actual sistema de subvenciones y ayudas, para un territorio con nuestros índices de paro y colapso económico, supondría situarnos en estado de emergencia social.

Mientras unos se refundan nosotros ya estamos fundidos. Fundidos a negro en la cuneta de la ultraperiferia. Y eso va a radicalizar el discurso político de Canarias. Porque nuestra última trinchera es sólo la supervivencia. La pura supervivencia.

Twitter@JLBethencourt