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Un barrio dormitorio en la linde

   

El barrio comenzó a poblarse en la primera mitad del siglo XX. / MOISÉS PÉREZ

NANA GARCÍA | Santa Cruz de Tenerife

El periodo posindustrial tuvo en Tenerife como consecuencia la emigración de la vida rural a la urbana, un fenómeno que tuvo una incidencia notable en Santa Cruz de Tenerife, ciudad que concentraba la mayor oferta laboral en el puerto, la refinería o el sector servicios. Surgía entonces un problema de crecimiento poblacional. Los grandes propietarios de los terrenos, que solo buscaban beneficios rápidos, comenzaron entonces a parcelar y vender suelo en zonas periféricas como márgenes de carreteras y barrancos pero relativamente cercanas al lugar de trabajo. De esta manera surgió lo que la doctora en Geografía por la Universidad de La Laguna, Luz Marina García Herrera, define como “barrios de urbanización marginal o de autoconstrucción”. Ejemplo de este fenómeno es Vistabella, un pequeño “barrio dormitorio” cuyo origen se remonta la primera mitad del siglo XX, cuando familias procedente en su mayoría del sur de la Isla, de Fuerteventura y Lanzarote se asentaron en busca de una nueva vida.

El lugar donde se asienta el actual barrio de Vistabella -en el Distrito Ofra-Costa Sur- corresponde a la parcelación de la Finca de Los Benítez, familia que también ha dado nombre Villa Benítez, con el que limita al sur, y a los que corresponde los nombres africanos de algunas calles. La carencia de planificación urbanística ha derivado en una importante escasez de dotaciones para uso del conjunto de los vecinos, que vieron cómo el barrio empezó a crecer en las décadas de los 60-70 del siglo pasado. Solo cuentan con un parque infantil, “que se hizo en los años 70 y que nunca ha funcionado porque está mal ubicado y mal hecho”, explica, Francisco Ramírez Sánchez (Vistabella, 1950), secretario de la Asociación de Vecinos Jariguo.

Además, cuentan con un colegio, el CEIP Ofra-Vistabella, con el que los vecinos comparten las canchas deportivas, después de las 17.00 horas y los fines de semana. De hecho, el portavoz vecinal relata que “no hay comercios ni negocios de hostelería”, salvo en la periferia, es decir, en las carreteras generales La Cuesta-Taco y Santa Cruz-La Laguna. Dentro del barrio solo queda algún taller, también guarderías y centros geriátricos ya que “muchas de las ventas y oficios artesanales prácticamente han desaparecido”.

Una de las instalaciones más destacadas de Vistabella es el Hospital San Juan de Dios, centro que empezó a funcionar en 1956, impulsada por la orden religiosa que le da nombre.

Si existe un símbolo de este barrio, tal y como reconocen sus vecinos, es el Mirador de Vistabella, testigo décadas atrás de los comienzos musicales de la familia de los Benavente, cuyo máximo representante en la actualidad es Pepe Benavente.

El barrio de Vistabella puede “presumir” de ser uno de los pocos que comparte municipios, ya que prácticamente la mitad se ubica o pertenece administrativamente a La Laguna y la otra a Santa Cruz. Esta circunstancia, más que una ventaja, supone un problema para los vecinos ya que cada vez que hay que llevar a cabo alguna actuación municipal, “tienen que ponerse de acuerdo los dos alcaldes para ejecutarla”. El problema de competencias se agrava en casos particulares de viviendas que están edificadas justo en el límite y, por ejemplo, tienen unas habitaciones en Santa Cruz y otras en La Laguna. Las calles Sor María de Jesús, Libia, Bibiana y Angola hacen frontera de forma “horizontal o vertical”, comenta Francisco Ramírez.

Algo que siempre se ha echado en falta en este peculiar barrio es una buena organización social, dado que sus habitantes son “muy poco participativos”. a pesar de ello, tienen un equipo de fútbol y un grupo folclórico. Mientras la parte antigua mantiene la configuración primigenia, con viviendas de autoconstrucción donde residen descendientes de los vecinos originarios, la parte nueva se caracteriza por edificaciones de media altura donde reside el 20-30% de los habitantes de Vistabella.