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Un capricho inútil > Francisco Pomares

   

La noticia de la dimisión a petición propia del subcomisario Blas Hernández, jefe de la Policía Canaria en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, y su petición de reincorporación a la Policía Local chicharrera, ha tenido muy escaso eco. Apenas alguna gacetilla en los medios, ocupados estos días casi en exclusiva de las noticias que tienen que ver con la crisis económica y sus consecuencias.

Pues ocurre que esta noticia tiene que ver con la crisis. El propio Hernández ha justificado su dimisión alegando la falta de apoyo del Gobierno a su policía. Ninguna de las iniciativas de desarrollo de plantilla y despliegue de efectivos previstas en el momento de la creación de la Policía se ha podido cumplir, es de suponer que porque la situación económica no lo permite. El presidente Rivero suele decir que él adelantó la crisis económica antes que nadie, y puede que sea cierto, pero si es así, con la información que tenía debía haber renunciado a poner en marcha el caro e inútil capricho de montar una policía regional que hoy por hoy no sirve para nada, aparte para que sus disminuidos efectivos formen delante de los políticos del Gobierno en alguna ocasión especial. La situación de deterioro de funciones y competencias de la policía volcánica, último nombrete de la guanchancha, que responde a sus uniformes con detalles color lava volcánica, se ha agravado aún más desde la salida del Gobierno de quien fue su responsable de Seguridad, José Miguel Ruano. El propio Blas Hernández ha sido muy preciso al describir la situación creada al asegurar que “quien tiraba de este carro ya no está”.

El problema es qué se puede hacer ahora con una Policía que no apoyan ni el PSOE ni el PP, que Madrid no va a financiar de ninguna manera y que Canarias no tiene recursos para sostener. Por si hay alguna duda sobre la percepción que los propios policías tienen de la situación de este cuerpo, en los últimos meses, más del diez por ciento de sus agentes lo han abandonado para reincorporarse a su anterior destino.

Todo esto ha provocando una situación de total desánimo, y la percepción de que esta policía es un capricho caro e inútil. A esa percepción contribuyen actuaciones como la reciente emisión de una nota de presa de la Policía Canaria, dirigida a los medios locales y acompañada de imágenes, para dar cuenta de la detención de un camello, al que se incautó un móvil, veinte euros y una piedra de hachís…