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Un defensor de valores > Henry Sicilia

   

Dicen que en esta vida sólo estamos de paso. Los hay a los que sólo les dura un suspiro y otros a los que les ha dado tiempo a conocer, aprender y disfrutar de la experiencia, e incluso a entregarse a un fin, a una meta o a un propósito. La del amigo Fernando Jiménez, expresidente de la Asociación de Agricultores y Ganaderos de Canarias (Asaga Canarias), que nos dejó ayer, fue una vida de compromiso y entrega con el sector agrario del Archipiélago. Defensor a ultranza de los valores y el prestigio de esta profesión, no conocía otros términos que no fueran el esfuerzo, el trabajo duro y una lucha incansable por posicionar a los agricultores y los ganaderos al mismo nivel que el resto de los profesionales de otros sectores económicos. Puedo asegurar que cuando se retiró de la presidencia de esta organización dejó el listón muy alto. Su apuesta firme y decidida por la formación, la investigación y la innovación de la actividad, acciones que me comprometí a mantener, han permitido que el sector agrario de Canarias haya dado un giro importante en los últimos años. A él se le debe, entre otras muchas cosas, el impulso del proyecto Germobanco para poner en marcha bancos de semillas con los que rescatar y recuperar todo un patrimonio genético de variedades agrícolas antiguas de Canarias con las que garantizar la supervivencia de la actividad en el futuro.

Recuerdo sus enfados y trifulcas, en el buen sentido de la palabra, en las negociaciones con las distintas administraciones para conseguir un mayor respaldo para nuestra agricultura y ganadería o cuando denunciaba la entraba de una u otra plaga que arrasaba cultivos y ponía en peligro la rentabilidad de los productores. Estas expresiones de rabia contenida, que sólo demostraban lo involucrado que estaba Fernando con el campo canario, nos contagiaba de fuerza y nos hacía entender que formábamos parte de una unidad sólida que sólo nosotros, agricultores y ganaderos, podíamos defender de la mejor manera. Recuerdo su talante de diálogo y su sentido del humor, que nos hacía olvidar, al menos por unos minutos, los problemas y los malos momentos por los que ha pasado el sector agrario.

Él siempre decía que lamentaba que algunos subsectores no lo hubieran utilizado más para intentar resolver los problemas que les afectaban y sentía al dejar Asaga que todavía le quedaban muchos cabos sueltos que atar. Ése era quizás su gran pesar, pero no hay reproches que valgan.

El campo era su vida y a él se entregaba. Cuando se despidió del cargo, me aconsejó, como sucesor, que tuviera comprensión con un sector que no es frágil pero sí vulnerable, que tiene potencia pero necesita respaldo, que es vital pero requiere confianza y que en las muchas decisiones que nos toca tomar, aplicara algo tan sencillo, en teoría, como es el sentido común. La prioridad, el bien de agricultores y ganaderos, da lo mismo que sean socios o no. Entre sus proyectos estaba dedicarse de lleno a su familia, de lo que reconocía le había faltado tiempo para disfrutar de ella. Se había retirado para descansar y aseguraba que desde la otra orilla del mar las cosas se ven de diferente manera. Tal vez tenga razón.

*Presidente de Asaga Canarias