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Una Navidad que no olvidarán > Cristina Valido

   

Estos días son muchos los recuerdos que invitan a la melancolía, a la nostalgia de otras Navidades que a veces nos pudieran parecer más felices. Estos sentimientos son los que invaden muchas de nuestras mesas navideñas con la intención de empañar el momento.

Los golpes del destino y el devenir diario roban espacio a todo lo bueno acontecido y acampan en nuestra mente reforzando la desilusión, especialmente este año, con una situación económica tan complicada como la que estamos padeciendo. Pero es necesario recordar que ya vivimos situaciones de mayor carencia y pobreza y que ello no evitó que disfrutáramos las mejores Navidades de nuestras vidas. Casi con lo imprescindible, nuestros padres y abuelos consiguieron que viviéramos momentos felices e imborrables.

Aquel menú de entonces era barato pero delicioso, el ambiente inmejorable, los regalos pocos, muy pocos y humildes, pero capaces de despertar la misma ilusión y mayor agradecimiento que las cantidades que hoy se reparten.

Echar de menos a aquellas personas que ya no están con nosotros resulta estos días también inevitable pero es quizás más importante dirigir hoy nuestra mirada y nuestro esfuerzo hacia los que tenemos más cerca, los que demandan hoy nuestra alegría, sonrisa, atención y entrega. Esta es sin duda la mejor manera de rendir homenaje a los que un día también nos hicieron reír, nos dieron cariño e hicieron inolvidable nuestra Navidad.

Celebremos que estamos vivos para seguir disfrutando de los buenos momentos que ofrece la vida, a pesar de las noticias negativas que a diario inundan la actualidad. Merece la pena parar, detener nuestro reloj y recordar por un momento que en el devenir diario ocurren otros tantos momentos felices y que de nuestra forma de interpretar lo que nos sucede depende también que encontremos soluciones a los retos que nos esperan.

Todas aquellas personas que comparten estos momentos con sus seres queridos han de agradecer poder hacerlo y el no ser capaces de disfrutar de ello constituye una ofensa hacia los que de verdad sufren hoy de manera irremediable en tantos rincones del mundo.

Quizás sea ahora el momento de mostrar cómo vivir la verdadera Navidad, de rehacer el Belén con los más pequeños mientras se cuentan viejas historias ancladas en la memoria, tiempo de recuperar antiguas costumbres, no por ello menos divertidas, tiempo de abrir la puerta y brindar con los vecinos, de compartir dulces y caldo y de hacer de estos días una Navidad que nunca olvidarán.

*Vicepresidenta y Consejera Insular de Acción Social Cabildo Insular de Tenerife