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Urdangarín y unos rumores jugosos > Manuel Iglesias

   

Es curioso que en unos tiempos en que se vive la que posiblemente es la más dura crisis económica de la etapa democrática y pasamos sólo unos días de un cambio de Gobierno con unas consecuencias de gran calado, ya que se trata no sólo de una alternativa de personas, sino de ideologías y estrategias, el interés informativo inmediato en el discurso de fin de año del Jefe del Estado se haya centrado en buscar las palabras referentes a su yerno, Iñaki Urdangarín, después de los escándalos económicos en que se ha visto implicado.

Tampoco se trata de eludir la importancia social que tiene el escándalo Urdangarín, pero con cinco millones de parados y la perspectiva de un 2012 de restricciones importantes en el movimiento económico y laboral, parece que el sentido común aconseja establecer un orden de prioridades, que no es incompatible con la mirada inquisitiva hacia ese asunto, al que también hay que reconocerle que le falta recorrido para saber exactamente el grado de responsabilidad de cada uno y cuál es el meollo quizás oculto y aún no revelado de estos episodios.

Y es que probablemente a este caso todavía le faltan datos que tienen que salir no solo de los libros de contabilidad, sino del mejor conocimiento de muchos hechos. Por ejemplo, en cenáculos políticos madrileños se habla de que los pagos que recibían estas empresas tal vez podrían ser el canal por el que ciertas instituciones transmitían grasa a las decisiones de organismos internacionales con responsabilidad en grandes eventos.

Por ejemplo, en estas tesis, se cita la candidatura de Madrid para las Olimpiadas, que llegó al corte final, en un organismo sobre el cual no solo se han vertido dudas sobre los motivos reales del voto de algunos de sus miembros, sino que incluso varios de ellos fueron investigados y condenados. Por ejemplo, en su momento fue una sorpresa general cuando se adjudicaron los juegos a Sidney, por encima de la favorita Pekín, por solo dos votos de diferencia. En ese sentido, recordemos la revelación posterior del diario The Australian de que miembros del Comité Olímpico Australiano habían sobornado a otros del COI para obtener su voto favorable a Sidney. Y que la BBC destapó una red de sobornos en el Comité Olímpico Internacional para obtener los votos favorables a Salt Lake City para los Juegos Olímpicos de invierno de 1998. Y ello llevó a la exclusión de seis miembros del COI y a sanciones en contra de otros dirigentes.

Podemos pensar, si queremos, que la candidatura de Madrid era limpia y pura y que eso de untar a los responsables solo lo hacen otros que son muy malos y que nosotros llegamos a la finalísima por méritos propios, Igual que en la Copa del América de vela en Valencia, las grandes competiciones automovilísticas allí, etcétera. Curiosamente, Madrid y Valencia son de los lugares que aparecen pagando a las empresas que se vinculan a Urdangarín, quien, por cierto, recordemos que en 2004 fue nombrado vicepresidente del Comité Olímpico Español. En tal hipótesis, ¿cómo pagaron Madrid y Valencia a otros en el exterior -si pagaron- y a través de quién o qué?

Claro que también puede suceder que los españoles no hacemos esas cosas. Y que si las hacemos, no lo podemos contar… ¿Usted qué opina?