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MICRÓFONO ABIERTO >

Vaya añito > Óscar Herrera

   

Nos preparamos en blanco y azul para despedir el año 2011. El CD Tenerife cierra el año futbolístico este domingo en el Heliodoro ante al modesto Marino de Luanco. Todo lo que no sea una victoria convincente será un fiasco total y abriría las puertas a nueva versión de Pesadilla antes de Navidad en versión blanquiazul. Hace unos años ya fuimos testigos de una noche tremebunda previa a Navidades en el Rodríguez López; un partido calamitoso ante el Racing de Ferrol propició una cascada de dimisiones que desembocó en la espantada del anterior consejo de administración, presidido por Víctor Pérez de Ascanio (todo un caballero). Fue el origen del actual Tenerife, bajo la gestión y presidencia de Miguel Concepción Cáceres. Así que, cuidado con estos partidos previos a las fiestas navideñas que los carga el diablo. Dejamos atrás un año nefasto para el Tenerife. El retorno a la caverna de Segunda B, 25 años más tarde, hará que no nos olvidemos fácilmente de este 2011. Un año en el que el retroceso de la entidad a todos los niveles ha sido galopante. Fuera de la Liga de Fútbol Profesional, aumento de la deuda a raíz de una fusión con la Sociedad Promotora Tenerife Inversiones S.A., una sociedad bien parida, pero mal criada y abandonada a su suerte por unos administradores conformistas y por culpa también, todo hay que decirlo, de la crisis económica, que se llevó por delante una Promotora en el momento mas inoportuno. Una sociedad, que cumplió parte de su función, pero que se dejó morir lentamente y que ahora ha engordado la deuda de su prima hermana, la sociedad anónima Club Deportivo Tenerife. Ha sido como una herencia, en la que heredas deuda, y no capital o patrimonio, un cáncamo vamos. Ha sido también el año del distanciamiento de la entidad de sus aficionados y seguidores. Aparte de la situación deportiva y los momentos de vacas flacas, un club como el Tenerife no debe permitir la huida de sus fieles. Sabemos que hay quien huye por la escasez de fútbol de calidad, es decir, huye de la mediocridad de esta categoría y solo se volverá a acercar en los momentos de bonanza y ascensos. Hay otro sector que huye decepcionado y frustrado, una frustración propiciada por la altanería de sus dirigentes, por la falta de humildad y la ausencia de un mensaje de cercanía y comprensión. Confunden, estos dirigentes, la parte mercantil y empresarial, y piensan que el fútbol no es sentimiento. Y aquí es donde mas fallan, el no ser capaces de pensar y razonar con el corazón, en no saber bajar a la vida terrenal de un aficionado, y seguir sumidos en el Olimpo de su deidad, que les hace sentirse en un nivel superior y seres superiores al resto de la humanidad. Allá ellos, pero han alejado a muchos incondicionales. Cerramos año, abrimos horizontes, siempre con el Tenerife en el corazón, por encima de los malos momentos y los pésimos gestores.