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Víctimas del ladrillo

   

Los vecinos de la Comunidad Villa Sur llevan dos meses sin luz y han sustituido la vitrocerámica por una cocina a gas; cada día tienen que recargar los motores con gasolina. / N. D.

NICOLÁS DORTA | San Miguel

En el residencial Villa Sur, en Llano de El Camello, se oye el ruido de los motores de gasóleo que dan electricidad a las siete viviendas en un edificio de cincuenta. El resto están deshabitadas. Es una construcción nueva, de 2007, hecha en pleno auge inmobiliario, como toda esta zona, casi ya un pequeño pueblo, con su plazas, avenidas, supermercados. Los pisos tenían unas “ventajas” de financiación que atrajeron al que sueña poseer una hogar para toda la vida. Era algo así como 300 euros al mes con un piso “equipado”.

Hace dos meses que están en esta situación porque les han cortado el suministro, y no por culpa de Endesa, precisamente. Es normal, desde que estrenaron sus pisos en 2007 no pagan la luz, se “engancharon a la red” con la idea de que en unos meses se solucionase su principal escollo: la cédula de habitabilidad.

Quiebra de la promotora

Ahora los motores suenan todo el día hasta las diez, el horario en que los vecinos han acordado apagarlos para no molestar. Los afectados firmaron la hipoteca, ocuparon el edificio sin esta cédula que otorga el Ayuntamiento, impulsados por la ilusión y una promotora que quebró, dejó las cosas a la mitad. Para comprar todo fueron facilidades, pero en estos momentos están “en el limbo”, en deuda con Endesa y sin que por ahora se regularice la situación. Así lo relata la presidenta de la comunidad Rosario González, preocupada porque no ve salida. Vive con su marido, cansado de comprar gasolina. Cuando adquirieron sus casas pensaban que sus problemas se iba a solucionar pero no ha sido así. Por el momento no han denunciado a la promotora. “La prioridad es la luz”, indica Sugey Hernández, otra de las afectadas. quien llega con sus dos hijos a la casa y se dispone a encender el motor para poder hacer de comer. En la comunidad Villa Sur tampoco funcionan los ascensores. Ahora les han cortado el mantenimiento de la piscina y falta urbanizar una calle que da a la trasera del edificio. Las vitrocerámicas han sido sustituidas por el gas, como los termos eléctricos. Unos vecinos usan pilas, velas y van a lavar la ropa donde pueden. Para obtener la cédula de habitabilidad es preciso un certificado de extracción de humos, otro de aguas residuales, saneamiento y “el punto de enganche”, que cuesta un dinero ahora inasumible para esta comunidad, explica su presidenta.

Conscientes

“Sabíamos que estábamos irregularmente con la luz de obra y teníamos que haber solucionado esta situación. La promotora nos puso en principio un generador y luego nos conectamos a la red”, según admiten. La comunidad de vecinos es cada vez más reducida. En cincuenta pisos sólo se habitaron unos veinte. De ahí bajaron a catorce. La gente se ha ido, y ahora son siete los que viven en el bloque.

En la entrada hay un cartel que indica el horario de apagar los motores. Eso es lo único que por ahora parecen tener claro los afectados. Siguen haciendo sus vidas, a oscuras cuando pasan las diez. La gasolina para su casa forma parte de la factura. No les queda otra.

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“Es el pez que se muerde la cola”

El Ayuntamiento de San Miguel es que el que da la cédula de habitabilidad, pero antes debe tener los informes técnicos de la promotora, incluido el punto de enganche de la electricidad, para conceder el permiso que acredite las condiciones “habitables”. Esto no se ha producido porque al no existir promotora no se puede pagar a técnicos que garanticen los informes. Por lo tanto, la administración local seguirá a la espera. “Es el pez que se muerde la cola”, explicaba ayer el alcalde de San Miguel, Valentín González, consciente de que hay otros complejos similares. González se ha reunido con los vecinos para buscar alternativas. De momento, se estudia “racionalizar” la deuda con la empresa de electricidad pero es “poco defendible”.

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