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LA MIRILLA >

Ya es hora > Román Delgado

   

Queridos Reyes Magos:

Esta carta no es para pedir lo mío, es, pese a que no se entienda en todos sus extremos, para reprochar, para castigar, para lamentar, para odiar, para llorar, para entristecer, para asombrar, para cambiar, para revolucionar, para activar, para alzar la voz, para envenenar, para expresar, para hablar claro, para borrar, para pinchar… Esta carta, aunque pueda parecer que no es para ustedes, queridos Reyes Magos, sí es para ustedes; así que atentos… Muy atentos, por favor. Queridos Reyes Magos, dónde han estado en todo este tiempo, qué escondite utilizan y qué forma tan vil tienen de ocultarse, de no aparecer en los momentos más oportunos, en las situaciones más apretadas y más comprometidas. Queridos Reyes Magos: por qué son tan cobardes, por qué huyen, se alejan, desaparecen, no están, por qué esa virtud de no ser nada y ser tanto, para luego reconfirmar que no son nada en verdad. Sí, ilusión, suspiro, nervio, sonrisa, alegría, duermevela, insomnio… Y qué más. Con esto no nos basta. O es que no se dan cuenta; por qué no se dan cuenta de una maldita vez. Queridos Reyes Magos: no quiero nada de ustedes porque nada dan en realidad, porque nada comparten, pese a los discursos y a los viajes en helicópteros, y porque nada lamentan ni nada aborrecen ni nada reprochan ni nada liquidan. Queridos Reyes Magos: son ustedes los que tienen que hacer la carta a los Reyes, los que se tienen que dirigir a los malvados, a los insensatos, a los innobles, a los cobardes, a los insolidarios, a los bandidos, a los ladrones, a los vendemotos, a toda esta selva de sinvergüenzas. Sí, queridos Reyes Magos… Esta es la carta que yo más deseo, con letras grandes y bien escritas: directas, hirientes, dando en el centro de la diana, creando criterio y conciencia y desnudando todas las vergüenzas, para dejar con las vergüenzas al aire. Queridos Reyes Magos: a qué coño esperan. Ya es hora de que cojan sus camellos, sus carretas, sus fantasías textiles y sus coloretes en la cara: en tren, en barco, en avión, en helicóptero…, para de una vez enterrar en carbón negro tanto choriceo, tanta desidia, tanta inutilidad, tanto borreguismo político y de todos los tipos, y tanta miseria, penuria y también pobreza, esta vez la de no tener algo que llevarse a la boca. Queridos Reyes Magos, esta es mi carta y espero que acepten el reto, que se suban al caballo de la valentía y que azoten con leyes, palabras y justicia todas las vergüenzas de este mundo, que es calco de rabia y mimetismo de maldad, maldad de los dominantes, de los indiferentes y de los deshonrados… Queridos Reyes Magos, traigan el 6 de enero la sonrisa a casa, esa risa falsa que a todos nos llena la vida, pero, por favor, no se olviden de la carta que tienen pendiente de atender en toda su magnitud, que es esta, o parecida, y que, a diferencia de otras, sí que tiene la bondad de al menos intentar cargar de sabiduría y solidaridad a tantas personas… ¡Las personas…!

Ya es hora, queridos Reyes Magos.