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Ya está bien de memoria histórica > Rafael Muñoz Abad

   

El pensamiento del occidental suele ser prepotente y prejuicioso hacia cualquiera de las sociedades africanas. En este país, dinastía de los centros comerciales y extrarradios; animal social vertebrado entorno a la peligrosa inercia de la incultura y sus segundas derivadas en forma de brutalidad e ignorancia, pocos saben que los cinco millones de sudafricanos blancos cabalgaban sobre un nivel de vida que por aquel entonces ni soñábamos en la España de Marisol y el seiscientos.

La llamada tribu blanca era una de las familias más acomodadas del planeta. No en vano, para ellos trabajaban cuarenta millones de sudafricanos negros. Recuerdo con especial emoción cómo la sociedad sudafricana, en sus más variados colores, se enfrentó a un pasado terrible bajo el desmantelamiento de aquella loca obra de ingeniería social que se hacía llamar apartheid. A resultas, la joven democracia africana descubrió una de las constituciones más vanguardistas del mundo. Una carta magna nacida de aquellas primeras elecciones libres de 1994. El día después, revelaría una herencia nacional mutilada por los innumerables crímenes cometidos contra aquellos sudafricanos, cuya tez no era clasificable como white (blanca). En resumidas cuentas, un posoperatorio con un paciente repleto de cicatrices. Y cuando las casas de apuestas daban por seguro una guerra civil entre blancos y negros, la figura de Mandela supo timonear una nave a la deriva, creándose la llamada Truth and Reconciliation Commission (Comisión para la Reconciliación y la Verdad). Un órgano de derecho para restaurar la dignidad y la memoria de todos aquellos que de alguna forma u otra fueron víctimas del apartheid. Les insto a consultar los procesos, la gran mayoría de ellos especialmente dolorosos en sus descripciones. No se puede decir en su totalidad que la Comisión haya sido un éxito, y es que las pérdidas humanas son irreparables.
A día de hoy, Sudáfrica ha sabido coser sus heridas con el hilo de la generosidad y el perdón, encarando el futuro como un país, que, si bien no exento de mil problemas, si ha soterrado su cruel legado bajo el retrovisor de la unión.

Y de bruces me doy con esta España que es incapaz de olvidar su pasado; constante regreso al futuro, donde una piara de politiquillos analfabetos y manipuladores se empeñan en reescribir, con el único objetivo de sacar rédito electoral, una historia que en buena medida desconocen.

Si mis abuelos, que uno por bando disfruté y disfruto, ya del tema ni hablan; sabedores que aquello fue un error, y que poco o nada se va a solucionar trasladando muertos olvidados.

A la Comisión para la Reconciliación y la Verdad les remito señores políticos a ver si toman ejemplo y de una vez pasan página.

Rafael Muñoz Abad Centro de Estudios Africanos de la ULL
cuadernosdeafrica@gmail.com