¿Buen tiempo en Canarias? > Wladimiro Rodríguez Brito

Querido lector: El lenguaje dominante llama buen tiempo al sol y a la carencia de lluvia. La economía manda y la cultura urbana y el turismo así lo requiere. También es verdad que hemos creído que podemos hacer naturaleza a la carta, y por supuesto, los interese de ese modelo de american way of life así lo requieren, por otra parte, la globalización ignora lo pequeño, lo local y, por supuesto, lo natural. Por ello, los cambios climáticos, las sequías y las hambrunas que han sido endémicas en Canarias, ahora parece que las hemos olvidado, pues las desaladoras y los barcos cargados de comida dejan esto para la historia, pues no olvidemos que en estas Islas hemos llevado agua para beber en barcos a Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro en periodos no tan lejanos en el tiempo. Ahora, afortunadamente, desalamos agua para beber más del 50% de la población de Canarias, incluso en la isla picuda, a la sombra del Teide, desalamos más de 40.000.000 de pipas, desalación que requiere entre 3 y 5 kWh/m3. No olvidemos la dependencia del petróleo y el tema del calentamiento del Planeta, y las emisiones de CO2 , por ello , querido lector, para los próximos años, tenemos que hablar, no solo del tema energético y la proximidad de este Archipiélago al mayor desierto del Planeta, sino también del comportamiento del tiempo como es el caso del presente mes de diciembre pasado, que solo es comparable al diciembre de 1948 aunque el de 1974 y el de 1984 también fueron secos, pues no olvidemos que la ultima borrasca que nos visitó fue en el mes de septiembre, y a lo largo de los meses de otoño e invierno no hemos visto siquiera las nubes del alisio, (aunque en octubre y noviembre en el norte de las Islas se produjeron pequeñas precipitaciones ) en el resto ha habido un dominio absoluto del aire del Este y del Sureste, y en consecuencia ha sido muy afectada nuestra vegetación y por supuesto los ganaderos y agricultores de secano que han perdido parte de la cosecha o que no tienen pastos para el ganado, situación que se incrementa para la siembra de cereal en esta época del año, y no digamos de los problemas colaterales que la sequía tendrá sobre los manantiales y aprovechamiento de las aguas para presas.

Ante tal situación, ni el Parlamento de Canarias ni el Gobierno del Estado parece que se han enterado de tal problemática aunque todos hablamos del campo y de los agricultores como tema ambiental, económico y social, y por otra parte aquí continuamos gastando dinero público en obras socialmente discutibles como los túneles de la avenida Anaga o los cuidados de los escarabajos estresados de Granadilla. Creemos que las inversiones básicas han de estar relacionadas con temas energéticos sobre todo las energías alternativas para tener una menor dependencia del petróleo, pensando no solo en las crisis climáticas históricas de este Archipiélago sino del cambio climático que se impone, y es en este marco en el que hemos de cuidar, no solo la naturaleza, el turismo, la producción de alimentos, para tener una menor dependencia del exterior, pues no es razonable importar 250 litros de leche y 40 kilos de papas por habitante. Por ello, la actitud solidaria con los hombres y mujeres del campo que han sufrido importantes pérdidas en este otoño/invierno, es también una apuesta por el futuro de esta tierra, y por lo tanto, llamemos las cosas por su nombre, hemos tenido mal tiempo este año en Canarias pero este no es un tema de adjetivos, ahora nos toca sembrar alternativas porque no hay para donde emigrar ni queremos pensar en tal tema, pues si a finales del siglo XIX con 60 hab/km2 tuvimos que hacer las maletas, ahora con 260 hab/km2 no queremos ni pensar en tal tema. Por ello, el ayer también puede ser mañana y tenemos que pensar en otra manera de hacer las cosas tratando con más respeto al hombre y a la naturaleza en un compromiso más solidario con previsión de la política del agua y del suelo haciendo un buen uso de la naturaleza y de la cultura del medio que tan sabiamente ha hecho nuestro pueblo a lo largo de los años. Sean estas líneas un surco de papel en un compromiso con la lectura del ayer y el mañana de esta tierra.