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¿Falla el sistema de valores? > Manuel Iglesias

Llevamos un enero trágico con un inquietante número de casos de agresiones domésticas, en su mayoría con características machistas. Es un drama que, lejos de disminuir, mantiene su escalofriante intensidad e incluso estadísticamente aumenta en cantidad de homicidios.

Esta semana se han registrado otros sucesos así y el noticiero cotidiano nos aporta casi cada día una nueva información sobre casos, que unas veces terminan en muerte y otras se quedan en lesiones, pero que siempre señalan una situación preocupante, tanto por los sucesos inmediatos como por la tendencia.

En su día, el Ministerio del Interior informó de que poseía una base de datos que contiene el registro de más de cien mil víctimas de violencia doméstica, un listado que permite la coordinación de los cuerpos policiales, Fiscalía y otras instituciones en la lucha contra esa violencia.

Es una cifra escandalosa porque detrás de los números abstractos está la realidad del daño que reciben muchas personas, en especial las mujeres. Pero sin olvidar a otros sectores débiles como ancianos y niños, que están asimismo aumentando entre las principales víctimas de la violencia doméstica, que es ejercida por ambos sexos, y de la que también en este mes hemos tenido titulares de prensa.

Entre lo confuso del ambiente social en que nos encontramos, de alguna manera flota en el aire una sensación de que quizás la sociedad se esté acostumbrando a estos sucesos y sólo reacciona con sistemas mecánicos de acción y represión, pero nos fallan los de prevención y el refuerzo de los valores humanos. Parece considerarse que las soluciones son endurecer las penas y pedir a la policía que actúe… y ya con eso se descarga el peso en legisladores y medios policiales y se “limpian” las conciencias públicas. Pero el camino de sólo la represión a la vista está que no ha traído mejoras.

Probablemente, las soluciones, si lo que se quieren son soluciones, no están únicamente en leyes más duras. Algunos profesionales pone en duda que sólo el endurecimiento de las leyes y el aumento de las penas que se reclaman por algunas organizaciones, sea el único método contra esta lacra.

Algo no funciona y quizás influya el que nos encontramos ante unos delitos que no tienen paralelismo con otros a los que simplemente se les pueda aplicar sanciones punitivas o amenazas de castigo, porque probablemente aquí intervienen elementos poderosos como las pasiones, que en algunos casos parecen escapar al control racional, y a unos comportamientos de irrespeto a la integridad ajena..

Teniendo en cuenta que a la agresión inicial cada vez más se une la prosecución de la violencia hasta la muerte, nos encontramos con un creciente e inquietante desprecio a la vida humana, indicativo de que algo nos está fallando y se pierden aquellos valores humanos que deberían ser absolutos.