contraposiciones >

¿Habla usted inglés? > Nuria Roldán-Arrazola

Sigue siendo escasa la presencia de españoles en foros internacionales, ya sean políticos, económicos o académicos. Y es que las estadísticas persisten en demostrar el escaso desarrollo lingüístico de los españoles con respecto al resto de sus vecinos europeos. Desde los años 70, que se introduce en España la enseñanza del inglés como lengua extranjera de relevancia en nuestro sistema educativo, muchas son las cosas que han cambiado.

Hemos dejado de asistir a tediosos cursos lingüísticos de My taylor is rich y nuestras escuelas cuentan con magníficos profesionales, buenas métodos educativos y tecnología suficiente para la docencia. Entonces… ¿Por qué no hablamos inglés? Fíjense que digo hablar, no escribir o leer.

Nuestros estudiantes escriben, leen e incluso entienden razonablemente bien el idioma, sin embargo no lo hablan. Luego, entonces habría que pensar qué circunstancias convergen en la comunicación oral en nuestro propio idioma que entorpecen el aprendizaje de un segundo idioma. Parecería certero plantearse la escasa importancia que se otorga a la oratoria dentro de nuestro sistema educativo.

Tanto los italianos como los ingleses o franceses cuentan con asignaturas de oratoria, clubes de debate o grupos de teatro dentro de la cotidianidad de la vida académica. En España, en cambio, los exámenes son escritos, los debates se realizan de forma muy limitada en el aula y las habilidades propias de la oratoria son desconocidas y despreciadas. Es más, se valora más el silencio que la palabra.

Muchas son las expresiones o latiguillos que nos mantienen callados, en silencio: “El que mucho habla mucho hierra”, “no digas todo lo que sabes porque dirás también lo que no sabes”,“no te destaques”,“si no estás seguro de lo que vas a decir, mejor no digas nada”.

Y es que a hablar solo se aprende hablando y lo que está bien en la infancia, el balbuceo del bebé, es un horror cuando uno es adulto, porque pretendemos ser igual de brillantes en un nuevo idioma de lo que lo somos en nuestro idioma materno. Solo hablamos cuando creemos que no cometeremos errores y eso en sí mismo es el mayor de los errores porque solo errando se aprende.

Nos empeñamos en enseñar a nuestros estudiantes a estar de pie, olvidando que lo más importante en cualquier aprendizaje es levantarse cuando uno ha caído, que es la más de las veces. Es más habría que decir que para levantarse uno debe haber caído antes.

El error no debe ser punible sino corregido, con amor, argumentación, paciencia y eficacia. Tendríamos que hacer una oda al error, que es la condición del aprendizaje. Erramos y por eso aprendemos. Penalizar el error es en sí negar el aprendizaje.

Hablar sin errar es como nadar en secano. Seguro que alguno lo consigue, aunque la didáctica lo que persigue es que el proceso sea lo más grato y lo más rápido posible.

Conseguir que algunos aprendan a hablar inglés está bien, el reto es que lo consigan todos. Hablen, con balbuceos, con errores, con vergüenza, con chanza, pero hablen. No dejen que les pueda el desánimo.

nuria-roldan.blogspot.com