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“Fue un auténtico desastre de evacuación, estábamos solos”

El crucero 'Costa Concordia', de 115.500 toneladas y 300 metros de eslora, llevaba a bordo 4.229 pasajeros en su periplo por el mar Tirreno. / EFE

FRAN DOMÍNGUEZ-EFE | Santa Cruz de Tenerife-Roma

Al menos tres turistas canarios, un matrimonio tinerfeño y su hija, viajaban en el crucero Costa Concordia que naufragó la noche del pasado viernes frente a la isla italiana de Giglio, en el mar Tirreno. Se trata de Bernardo García García, de su esposa Inés Arozena y de su hija Nayra, de tres años de edad. Los tres se encuentran en perfecto estado y se hallan hospedados en el hotel Hilton de la localidad transalpina de Fiumicino, con parte de los 177 españoles que iban en el barco que encalló contra unas rocas, tal y como confirmó ayer a DIARIO DE AVISOS la madre de Bernardo, Mari García.

La familia tinerfeña, que vive en la localidad granadillera de El Médano y que regenta un restaurante en Tajao, en la costa de Arico, lugar de donde es natural Bernardo, salió con lo puesto, es decir, en pijama y zapatillas, tras sentir en plena noche un fuerte golpe y apagarse de pronto las luces del barco. Según cuenta Mari García, tras hablar telefónicamente con su hijo, los tres estuvieron en cubierta una hora, donde les “repetían” que no “pasaba nada”, hasta que pudieron salir en las barcas. “Bernardo me dijo que fue un auténtico desastre de evacuación. Se encontraban solos y no había quién los organizara. No quiere ni acordarse”, comenta.

Lo señalado por su hijo coincide con los distintos testimonios que hablan de escenas dantescas, propias del hundimiento del célebre Titanic, con la gente agolpándose en las barcazas en un caos absoluto en el medio de la oscuridad de la noche. “Fue lo mismo que el Titanic. Tuvimos que ver cómo cuando evacuábamos en barcas, otras se nos venían encima. En la nuestra tuvimos suerte porque una solo llegó a dar en la parte frontal y por fortuna no volcamos”, explicaba ayer a Efe Justo, un turista de Mallorca. “La tripulación no tenía ni idea de cómo evacuar el barco y el capitán nos mintió. Dijo hasta el último minuto que todo estaba controlado y que solo era un fallo eléctrico”, era otro de los testimonios de los viajeros.

Mari, quien confiesa que siempre viaja con su hijo y su nuera, y que esta vez no lo hizo, indica que han tenido que pedir dinero prestado para comprarse ropa, puesto que dejaron todas sus pertenencias y efectos personales en el crucero. Al parecer, le han dicho que entre hoy y mañana podrán regresar a Canarias. De hecho, la compañía responsable del crucero planteaba fletar un vuelo chárter para hoy mismo y repatriar a los turistas a sus países, entre ellos España. Mari está ya más tranquila después de hablar varias veces con su hijo y confirmarle que tanto su mujer como su pequeña se encuentran en perfecto estado, y que sólo quieren volver y olvidarse de esta terrible experiencia.

Un peruano, miembro de la tripulación, y dos turistas franceses son, por lo pronto, son las tres personas muertas, cuyos cadáveres han sido recuperados del naufragio. Se trata de Thomas Alberto Costilla Mendoza, de nacionalidad peruana, y de los galos Francis Servel y Jean Pierre Micheaud, según informó el centro de operaciones de Protección Civil de Grosseto, provincia toscana a la que pertenece Giglio.

Los tres fueron identificados en base a las tarjetas que portaban. Los cuerpos de las tres víctimas se encuentran en la morgue de la localidad de Orbetello, y según los primeros exámenes médicos habrían muerto ahogados. Hasta ahora las autoridades italianas sólo han confirmado tres muertos por el naufragio, aunque 70 personas, de las 4.229 que iban a bordo del crucero (de 114.500 toneladas y casi 300 metros de eslora) están aún sin localizar, remarcó el prefecto de Grosetto, Guiseppe Linardi. Además de los tres fallecidos, 40 viajeros sufren heridas de diferente consideración.

Detenido el comandante

El Ministerio de Transportes ha abierto una investigación oficial sobre el suceso, así como la Fiscalía de Grosseto. Así, el comandante del Costa Concordia, fue detenido ayer, según confirmó el fiscal jefe Francesco Verusio, quien interrogó ayer durante varias horas a Schettino. Verusio manifestó que “éste se acercó muy torpemente a la isla de Giglio, golpeando un escollo que se empotró en el lado izquierdo de la arena, haciendo inclinar la embarcación que embarcó muchísima agua en dos, tres minutos”. Otro miembro de la tripulación del barco, cuya identidad no ha sido desvelada, también está siendo investigado.

Los submarinistas tienen aún que inspeccionar la parte interior del barco, que está escorado 80 grados y hundido en un banco de arena de 30 metros de profundidad.