MEGÁFONO > LOS GIGANTES-PUERTO DE SANTIAGO (II)

“Hoy es complicado vivir de la pesca”

NICOLÁS DORTA | Santiago del Teide

Juan Tejera Martín es conocido por todos como el charrasquiado. Se crió entre pescado y a sus 73 años no ha vivido otra realidad cotidiana. “No he tenido otra alternativa”, dice. También fue muy aficionado a cantar rancheras, aunque lo ha dejado porque su garganta ya no aguanta la exigencia de esta música. Juan empezó a los ocho años con su padre, Francisco Tejera, el que considera “el mejor pescador del mundo”. Salían a pescar túnidos. Todavía, en su jubilación sale a la mar de vez en cuando a por alguna cabrilla, una captura de lujo, muy sabrosa pero con mucha espina. “Todavía me pica el bichillo de la pesca”, admite.

Esta persona ha recibido reconocimientos por su labor, trayectoria y contribución a la pesca, como el Tenerife Rural del 2007 del Cabildo. Vive con su mujer en la última casa de la playa del Puerto Santiago, una vivienda modesta de dos pisos, con un balcón y unas vistas de excepción. A pocos metros se encuentra la Virgen del Carmen, en un pequeño altar. Su mujer es la encargada de guardarla, de que no le pase nada.

Juan afirma que el Puerto de Santiago tenía los mejores pescadores, pero la zona fracasó en su gestión por no haber abrigo. Muchos se iban a Alcalá, a Playa de San Juan. Ahora este oficio “ha cambiado mucho”, explica. Lo barcos tienen otros adelantos técnicos que nunca conoció esta persona. “Yo usaba el reloj y el compás”. Y así recorría los mares de Canarias. “El pescador de hoy lo tiene más fácil pero para vender su mercancía lo tiene más complicado”, asegura.

Subraya que las grandes superficies han deteriorada l a la pesca local y admite que “es complicado vivir hoy de la pesca”.

Para este oficio hay que saber algo más que las mañas de captura. Hay que conocer el mar, las corrientes, las mareas, la temperatura del agua, el clima y sobre todo la flora y fauna. “El mar es como la tierra, con bosques y animales, si los observamos vemos cómo se comportan, a dónde van, dónde viven en cada época el año, y así es más fácil pescarlos”, subraya.

En los sebadales que rodean la isla se da la cría del pescado. Juan ha observado incluso “cómo el macho protege a las crías, que intentan ser comidas por otros peces”. La experiencia es un grado. “Sabemos que hay determinado pecado que se da donde hay cuevas. El besugo o la vieja son de fondos más arenosos y mezclados con rocas”, explica.

En su vida laboral, el charrasquiado ha pasado hasta dos semanas sin bajarse del barco. Si tuviera un par de años menos, no duraría en salir de nuevo a esos bosques del océano.