LAS CARAS DE LA OST > PIERLUIGI BERNARD

“La OST es un coche de lujo que necesita un director que esté dispuesto a conocerlo bien”

El clarinetista Pierluigi Bernard llegó a la OST en 1994, coincidiendo con su periodo de “mayor dinamismo”. / JAVIER GANIVET

SANTIAGO TOSTE | Santa Cruz de Tenerife

Confiesa que nunca ha sabido el porqué, pero con cinco años y medio eligió el clarinete para iniciarse en la música y está convencido de que la “jugada” le ha salido muy bien. El italiano Pierluigi Bernard, clarinete solista de la Orquesta Sinfónica de Tenerife (OST) llegó aquí en 1994, tras una formación que arrancó en instituciones como los conservatorios Achille Peri de Reggio Emilia y el Nacional Superior Giuseppe Verdi, o el Liceo Artistico Musicale de Turín; continuó en ciudades como Londres (en la Guildhall School of Music and Drama, aprendiendo de Jack Brymer), Ginebra (con otro virtuoso, Thomas Friedli) o la fronteriza Trieste.

“Acabé en Tenerife de rebote -detalla-: estaba en Londres y fue mi maestro quien se enteró de la plaza en la OST”. “Como muchos colegas -prosigue-, llegué con la intención de estar sólo unas cuantas temporadas, pero me di cuenta de que difícilmente encontraría otro lugar donde coincidan tantos factores: una orquesta de calidad artística y humana, y en un sitio paradisiaco, desde el punto de vista de la naturaleza y también por su calidad de vida”.

De modo que Bernard hizo de Tenerife su casa: “con amigos de verdad, con mi esposa y con un hijo que es más canario que el gofio”, subraya con una sonrisa. “Llegué en el momento de mayor dinamismo de la OST”, explica. “Junto a Víctor Pablo Pérez hacíamos un montón de cosas, con varios viajes al año… Era un periodo particularmente rico”. Más tarde, vivió el cambio de titular, la llegada del director chino Lü Jia. “Nunca es sencillo un cambio de titular, es complejo encontrar a una persona que ponga de acuerdo a otras 80”, indica el intérprete, al tiempo que manifiesta que el actual es un “momento de espera”. “Siento a la OST como un equipo ganador que en estos 18 años ha mejorado mucho”, resalta; “es un coche de lujo que necesita un director que quiera conocer bien el grupo, que trabajar bien con él”.

Para describir su instrumento, Pierluigi Bernard alude a una carta que Mozart escribió a su padre, Leopold, donde decía que el clarinete era lo que le faltaba en la sección de viento madera, pues se encargaba de ligar todos los sonidos. “Tiene una gama dinámica muy amplia: es capaz de hacer un pianissimo casi imperceptible, pero también un fortissimo digno de una trompeta”. “Además -agrega Pierluigi Bernard-, posee una familia extensa, desde el clarinete en mi bemol hasta el contrabajo, de modo que vamos desde un instrumento tan agudo como el flautín a uno muy grave, como el clarinete contrabajo. Y eso le da mucha ductilidad, no sólo para la música clásica”.

Bernard recalca que cuanto un músico más amplíe sus experiencias, mejor intérprete será. Por eso, un aspecto al que otorga importancia es el que tiene que ver con la música de cámara. “Estoy muy pendiente de mi trabajo, y si aspiras a ser buen músico de orquesta lo has de ser de cámara”. “La clave es la misma -concluye-, estar más pendiente de lo que toca quien tienes a tu lado que de ti”.