MEGÁFONO > LOS GIGANTES-PUERTO DE SANTIAGO (III)

“Lo de la crisis es un invento”

Jennifer Dubbelaar, junto al encargado de la explotación del puerto deportivo, Manuel Moleiro. / N. D.

NICOLÁS DORTA | Santiago del Teide

El sol de invierno llena de vida al muelle de Los Gigantes. En los 362 atraques se pueden encontrar lanchas grandes y pequeñas, lujosas y modestas. Algunos turistas salen en zodiac a explorar los acantilados acompañados de un instructor de buceo. Otros prefieren el kayak o los barcos que llevan a ver los delfines. En tierra miran las enormes lisas del recinto, dispuestas a comer migas de pan que les tiran los que pocas veces han visto un pez en este estado, tan cerca.

Los deportes acuáticos atraen todo el año a miles de turistas en Los Gigantes, para los que quieren vivir una experiencia única. En este entorno ha crecido el negocio de Jennifer Dubbelaar y su marido. Mujer decidida y optimista, llegó desde Holanda hace 18 años, con una maleta, cuatro idiomas en la cabeza, ni una palabra de español, cansada del frío, de las nubes de su país. Tuvo suerte. A los pocos días se enamoró “a primera vista”, matiza. Fue del dueño de un barco de piratas, que hacía excursiones por la costa y unos perritos calientes en menos de 30 segundos. Trabajó como guía en el barco hasta que la empresa fue creciendo. Tanto, que hoy dirige a 22 empleados en una de las atracciones más importantes de Tenerife, el Flipper Uno.

Excursiones

Jennifer también tiene otro barco, el Marina Princess, para más o menos el mismo cometido. “Lo de la crisis es un invento, que muchos políticos nos meten en la cabeza”. “Si quieres una cosa, si quieres trabajo, encuentras, en todos los sitios”, dice convencida. La excursión del Flipper Uno sale del muelle a Teno e incluye un canapé, bebida mientras caminas hacia la búsqueda de los delfines o ballenas. En la bahía de Masca los visitantes tienen la oportunidad de bañarse y comer paella. El precio, variable según el pasaje, incluye todos estos servicios, siempre con guía a bordo.

Remodelación

Dubbelaar está junto a Juan Manuel Moleiro, el encargado de la explotación del puerto. Este joven vigila que todo esté en orden, que se cumpla la seguridad, el control de las embarcaciones, los permisos. “Desde 2008 no hemos parados de hacer obras”, sostiene. Y se nota: el puerto deportivo tiene nueva cara; es ahora una zona más abierta al turista, que beneficia a los restaurantes y tiendas, azotados por la crisis y por el anterior cierre de la playa. Poco a poco el puerto va recuperando la buena actividad que tuvo en el pasado. Hay más visitantes que entran y salen de los barcos de recreo. Hay más curiosos que se acercan a dar un paseo por el muelle. Otros cogen el sol, estirados en un toalla, frente a los amarres, como si de una playa se tratase.

El muelle se llena de la arena de la playa debido a las corrientes. Agigansa, la empresa que gestiona el puerto, comenzó a dragarla, pero ha llegado el invierno. “No podemos bombear la arena hacia la playa de Los Gigantes sino depositarla en un punto limpio”, comenta Juan Manuel Moleiro.

“Por aquí han pasado varios famosos”, explica. Hay algunos veleros que se alquilan para adentrarse en este exótico recorrido, una puerta hacia el océano Atlántico.

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El ‘todo incluido’

Los comercios de la zona se quejan de que el todo incluido ha perjudicado al sector. Algunos de los hoteles que están en Los Gigantes y Playa de La Arena ofrecen esta posibilidad alojativa que no parece gustar demasiado a los comerciantes. Incluso el Ayuntamiento reconoce que esta modalidad sólo beneficia al hotel. “Los turistas no salen de su habitación, y si lo hacen, es para excursiones programadas”, dicen desde el Consistorio. A pesar de ello, el aumento del turismo ha dado aire al tejido comercial.

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